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La lucha contra el terrorismo

En el módulo de respeto

Los disidentes conviven con otros presos en un espacio de autogestión dentro de la cárcel de Nanclares

Las tareas se reparten de forma rotatoria entre los presos: unos barren el patio, otros sirven la comida, otros limpian los espacios comunes... si hay algún problema, una comisión de convivencia hace labores de mediación para tratar de solventarlo. Los módulos de respeto fueron creados por Instituciones Penitenciarias bajo el mandato de la actual secretaria general, Mercedes Gallizo, para hacer de la cárcel un lugar algo más amable siempre y cuando los presos cumplan a rajatabla unas estrictas pautas de conducta. Se trata también, en algunos casos, de preparar a los reclusos para la vida en libertad. La veintena de disidentes de ETA de Nanclares de Oca (Álava) conviven en uno de estos módulos, que funcionan en esta prisión desde hace unos meses. La única mujer, Carmen Gisasola, está en un módulo de respeto de mujeres.

Los internos trabajan en grupo y resuelven entre ellos los conflictos

El ingreso es voluntario, pero es la administración penitenciaria la que decide qué presos pueden pasar a formar parte de este proyecto en función de su comportamiento y otras consideraciones. Si el preso quiere entrar, debe firmar un contrato individual en el que se compromete a aceptar esas normas y ese régimen de vida.

Todo es responsabilidad de todos. Los internos se organizan en grupos, dirigidos por responsables que elige el equipo técnico. Los grupos reciben cada semana una tarea determinada. Las tareas -unas más desagradables que otras- se distribuyen en función de la nota recibida durante la semana anterior. La evaluación del grupo se obtiene sumando las de cada uno de sus individuos, de forma que el comportamiento de cada preso influye en lo que van a tener que hacer sus compañeros la semana siguiente.

En el módulo de respeto no cabe la posibilidad de no salir de la celda. Los presos tienen que estar ocupados y hay un programa de actividades individuales para cada uno de ellos. El que se niegue a hacer las tareas asignadas, o a someterse a análisis para comprobar que no está consumiendo drogas, es expulsado. También tiene que abandonar el módulo el que tiene tres calificaciones desfavorables a lo largo de un trimestre. A cambio de estas reglas tan estrictas los presos consiguen suavizar, aunque sea un poco, la dureza del régimen carcelario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de julio de 2010