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Editorial:

La amenaza belga

Las pesquisas policiales destapan escandalosos detalles de la silenciada pederastia del clero

La dimensión que está adquiriendo el escándalo de pederastia en la Iglesia católica belga es de un altísimo voltaje. Los detalles ahora publicados de un caso particular ponen en evidencia dos realidades: la primera de ellas, desgarradora, es la crueldad de los delitos cometidos y la soledad y trauma de las víctimas; la segunda, explosiva, el nivel de oscurantismo, hipocresía y connivencia con la que la jerarquía despachó estos asuntos. En el caso belga habría una tercera derivada que resulta desconcertante: el hallazgo de documentos de dos de las víctimas del pederasta Marc Dutroux en la catedral de Malinas, del que ha dado cuenta la prensa belga y que invita a renovar la sospecha que se apoderó de la sociedad belga en su momento acerca de los poderosos apoyos con los que habría contado el famoso pederasta, ahora encarcelado.

El obispo de Brujas Roger Vangheluwe dimitió en abril tras admitir haber abusado de un niño de su entorno. Ahora se ha conocido la terrible y completa historia de su víctima, un sobrino del que el obispo habría abusado durante ocho años. Y se ha sabido que Vangheluwe ha dimitido, 30 años después, solo cuando un amigo de la víctima amenazaba con contar toda la verdad. También ahora se ha conocido que el ex primado belga Godfried Danneels, que llegó a ser papable, desoyó en su momento la denuncia e impuso un muro de silencio. El propio Danneels era el destinatario de las fotos de dos de las víctimas asesinadas por Dutroux. La respuesta oficial a tan llamativo detalle es que se las envió una publicación satírica británica con la intención de obtener una reacción del cardenal.

Pero los problemas para la Iglesia belga solo acaban de comenzar. Tras 10 años de una comisión de investigación inoperante controlada por la Conferencia Episcopal, la justicia ha decidido tomar cartas en el asunto. El registro en la catedral de Malinas del pasado 24 de junio y las 10 horas de interrogatorio a que fue sometido el cardenal Danneels evidencian hasta qué punto la determinación de este católico país puede poner en jaque al Vaticano. Ayer, la Santa Sede amplió el plazo de prescripción de los delitos sexuales contra menores en su ordenamiento canónico, en un gesto más de Benedicto XVI de romper inercias del pasado y perseguir los delitos. Bienvenido sea, pero ello, además de llegar demasiado tarde, no exonera a la Iglesia de sus crímenes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de julio de 2010