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La tercera vía

La demora en la toma de decisiones por parte de José Luis Rodríguez Zapatero ha provocado que España haya perdido tanto tiempo como meses el PSOE quiso ganar. Pero poco importa ya si se ocultó o negó la evidencia, o si se subestimó la realidad. Toca poner los cinco sentidos en las soluciones, no en los pecados.

La ausencia de un plan cierto, capaz y fiable, y no haber llamado a esta crisis por su nombre, hace que en el balance de estos dos últimos años predominen las sombras. Pero en la convicción de que un anticipo electoral sería un paso inútil, todos debemos ayudar a poner al país en el buen camino: en el de las certidumbres, el sentido de Estado y la generosidad que hizo posible la Transición -espíritu del que tanto presumimos, y tan poco practicamos.

Desgraciadamente, el bipartidismo que protagonizan PSOE y PP está negándole a España ese camino. Su desencuentro ha provocado que vea la luz la crisis española; con epicentro en las turbulencias de los mercados internacionales, pero españolizada por la falta de iniciativa del Gobierno y la crispación como única receta de la oposición.

Desencuentro que ha provocado el cuadro que acertadamente describió Joaquín Estefanía en un artículo -El desapego ciudadano- publicado en este mismo diario. Efectivamente, España arrastra junto al problema económico una crisis política no menos relevante: en estos momentos, el PSOE es parte del problema, pero el PP no es la solución. Con estos mimbres, un cambio de Gobierno solo traería más de lo mismo.

Si estamos de acuerdo en que la economía impone que en adelante las cosas deberán hacerse de otra manera, ¿acaso es posible salir de esta situación sin hacer las cosas de otra forma en política?

Frente al bloqueo del bipartidismo, abramos una tercera vía, un modo de hacer que rompa con esa fotografía e introduzca terceras voces que arbitren procesos de diálogo que generen la confianza y el entendimiento que la ciudadanía está pidiendo a gritos. En ese camino, los nacionalismos que hemos demostrado lealtad institucional y sentido de Estado estamos dispuestos a poner todo de nuestra parte.

Hace dos años que Gobierno y oposición tendrían que haber empezado a trabajar juntos para decidir las reformas necesarias y haber consensuado un nuevo marco de relaciones laborales, así como abordado los cambios que hacen falta en el sistema financiero y en la Administración pública. No lo han hecho, y mientras en el ámbito del Estado faltan respuestas, desde las comunidades autónomas estamos multiplicando esfuerzos para minimizar la onda expansiva de esta parálisis política -la crispación se caracteriza porque todo se agita sin que nada se mueva-. Ahora más que nunca, las comunidades autónomas merecemos ser escuchadas en la Conferencia de Presidentes -sumándome a las voces que defienden que ha fallado la economía y no el Estado de las Autonomías, no permitamos que se desande lo andado.

Por nuestra parte, en Canarias estamos abanderando esa tercera vía a la que aludo, un trabajo en común que desembocó hace un año en el Pacto Social por la Economía y el Empleo, firmado por el Gobierno, agentes económicos y sociales, cabildos y Ayuntamientos; un pacto que resume la suma de esfuerzos al que llegamos en las islas para impulsar la reactivación económica.

Definitivamente, tan inaplazable es adoptar de una vez las medidas económicas que España necesita -medidas que no castiguen únicamente a los trabajadores- como un cambio de actitud por parte de PSOE y PP. De otra manera, lejos de ayudar a la solución, ambos partidos seguirán siendo parte del problema.

Paulino Rivero Baute es presidente de Canarias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 12 de junio de 2010.

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