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Entrevista:Josep Borrell | Ex presidente del Parlamento Europeo | ENTREVISTA

"Los Gobiernos han jugado al póquer con los mercados y han perdido"

Josep Borrell Fontelles, (Pobla de Segur, Lleida, 1947), ingeniero aeronáutico y catedrático de Matemáticas Empresariales. Tras más de 30 años de intensa actividad política en los que ha sido secretario de Estado de Hacienda y ministro de Obras Públicas en los Gobiernos de Felipe González, y presidente del Parlamento Europeo, vuelve a la academia. Desde principios de año preside el Instituto Universitario Europeo, donde se forma una élite de investigadores en ciencias económicas, políticas y sociales, derecho e historia. En la falda de la colina de Fiesole (Italia), rodeados de un paraje paradisiaco se asientan los edificios del Instituto, donde 750 estudiantes de los 27 países de la Unión preparan tesis doctorales o estudios posdoctorales.

"En Grecia, el déficit ha causado la crisis, y en España, la crisis ha causado el déficit"

"Las medidas de ajuste, nos guste o no, están provocando aumentos en la desigualdad"

"El euro es una sinfonía inacabada, interpretada por una orquesta sin director"

"El Pacto de Estabilidad ha sido insuficiente en su diseño e ineficaz en su aplicación"

Antes de la entrevista, Borrell no se resiste a mostrarme su pequeño secreto, un texto de Albert Camus, en la vieja iglesia de San Francisco, donde el escritor recaló y desde donde se contempla Florencia con toda nitidez. A lo largo de la entrevista expresa su satisfacción por su vuelta a la universidad, con lo que supone de "abandono del maniqueísmo propio del debate político, donde las cosas son blancas o negras en función de la posición que cada cual ocupa en el debate". "Aquí", precisa, "se tiene la suerte de aprender y participar en una aproximación más objetivada, tomando en cuenta muchos factores y una cierta desideologiza-ción".

Pregunta. En este nuevo entorno, inmerso de nuevo en el debate científico ¿cómo se ven los acontecimientos en Europa?

Respuesta. Para muchos, la crisis del euro era algo que se iba a producir en cuanto apareciese la primera gran recesión en Europa. Porque la Unión Monetaria y Económica es una Unión incompleta y, por tanto, frágil.

P. ¿Incompleta?

R. Incompleta porque sólo hemos desarrollado su parte monetaria. Bueno, esto lo viene diciendo Jacques Delors desde hace mucho tiempo. Recuerdo en los debates de la Convención sobre la Constitución Europea, haber defendido que había que desarrollar la parte económica de la Unión y dotar al euro de un sistema de coordinación de las políticas presupuestarias y fiscales. El euro es una moneda sin Estado, sin presupuesto, sin transferencias entre los Estados que pertenecen a la misma moneda. El temor a que cuando las cosas fueran mal esta fragilidad intrínseca se demostrara se ha convertido en una realidad.

P. La crisis empieza en Grecia, pero finalmente alcanza a España y Portugal.

R. Sí, pero comparar Grecia con España sólo puede ser el resultado de la estupidez o la mala voluntad. Porque en Grecia, el déficit ha causado la crisis, y en España, la crisis ha causado el déficit.

P. Usted toma una cierta perspectiva. Recuerda a Delors en sus trabajos en la Convención. Uno de sus autores de referencia, Tommaso Padoa Schioppa, dice que antes de hablar de soluciones a la crisis hay que hablar primero de la esencia de la crisis. ¿Cuáles han sido las causas profundas de la crisis del euro?

R. Cuando se creó el euro, el pensamiento político monetario alemán impuso el planteamiento de que poniendo mecanismos de control y sanción sería imposible que la crisis llegase a ocurrir. Y como era imposible que la crisis ocurriera, no teníamos que diseñar mecanismos para hacerle frente. Esto, asociado a la creencia de que el único problema era el déficit público. Por tanto, bastaba con controlar el déficit público. Pero el mecanismo del control del pacto de estabilidad, burdo y simplón, ni se ha cumplido, ni ahora, ni nunca, ni era suficiente.

P. Entonces, ¿ha fallado la regla y el vigilante del cumplimiento de la regla?

R. Ha fallado la regla y la aplicación de la regla. La regla, porque obedecía al planteamiento ideológico de que sólo el sector público era potencialmente inestable. Se decía que el sector privado era estructuralmente estable, porque los mercados se encargaban de estabilizarlo. Por tanto, el problema sólo podía venir del déficit público. El Pacto de Estabilidad vigilaría el déficit público, y el Banco Central, la inflación, y lo demás estaría resuelto. Pero cuando Alemania y Francia tuvieron problemas impidieron aplicar las sanciones del pacto.

P. Y lo reformaron según sus necesidades.

R. Efectivamente. Recuerdo que en las elecciones europeas de 2004 manifesté lo mal fundado del Pacto de Estabilidad. Desde la Comisión me tiraron de las orejas. Un pacto que Prodi había calificado de estúpido.

P. ¿Y tenía razón Prodi?

R. No sé si el calificativo estúpido es de aplicación a un pacto, pero, en todo caso, ha sido insuficiente en su diseño e ineficaz en su aplicación. El caso español es paradigmático. Antes de la crisis teníamos un superávit del 2% del PIB y éramos la envidia de Europa. Pero nadie prestó atención a que estábamos acumulando una gigantesca deuda privada. Lo profundamente inestable era el sector privado.

P. Sobre las causas profundas de la crisis, cada vez hay más analistas que las atribuyen al enorme peso del sector financiero y a la multiplicidad de productos como los derivados sin regulación. ¿Es regulable una actividad tan compleja y sofisticada?

R. Este es también un tema de apasionante estudio por parte de los investigadores del Instituto Universitario de Florencia. Hay muchos paradigmas de la ciencia económica que han caído rotos en añicos, aunque algunos todavía no lo quieren reconocer. Por cierto, que George Soros ha lanzado una iniciativa nueva con la creación del Institute New Economic Thinking, que acaba de celebrar su conferencia inaugural en Cambridge, con el propósito de buscar hipótesis más cercanas a la realidad, sobre todo en el mundo financiero. La gran víctima de esta crisis ha sido la creencia supuestamente científica, y en mi opinión, puramente supersticiosa, del funcionamiento eficiente de los mercados. Y hay que reconocer, sin embargo, que la capacidad política de regulación va muy por detrás del problema. Vivimos en un verdadero casino planetario. Un casino que se desarrolla en condiciones de extrema opacidad. Hoy la finanza globalizada está hipertrofiada, ha crecido desmesuradamente. Se intercambian casi 100 veces más activos monetarios que activos reales.

P. ¿Qué consecuencias tiene esta hipertrofia financiera?

R. En Davos, hace algunos años, oí a un banquero central decir que los Gobiernos debían saber que hoy estaban bajo el control y la vigilancia de los mercados, y que este control y esta vigilancia eran mucho más importantes y eficaces que los que se ejercían sobre ellos desde los Parlamentos. Lo cual, desgraciadamente, es lo que está ocurriendo. Los llamados mercados, que no son entes abstractos, sino instituciones con nombres y apellidos, están imponiendo a los Gobiernos una doble y contradictoria exigencia. Por una parte, una reducción general del déficit público, y por otra parte, el mantenimiento, la recuperación económica. Las dos cosas a la vez son muy difíciles de conseguir, por no decir imposibles.

P. La crisis ha exigido movilizar más de un 13% del PIB europeo en recursos públicos para salvar la banca, lo cual ha causado un gran endeudamiento de los Estados. ¿No es arriesgado que la solución implique un fuerte recorte de la inversión pública?

R. El ajuste es necesario. No se pueden mantener estos niveles de endeudamiento, ni de déficit. El problema es a qué ritmo se reabsorben. Muchos expertos, aunque no todos, creen que la exigencia de reducción de los déficits públicos es contraproducente desde el punto de vista económico y socialmente muy peligroso. En 1982, cuando la crisis mexicana, la exigencia de reducción de déficits públicos a ultranza mató la actividad y creó la década perdida en América Latina, creando países zombis, incapaces de salir. Podemos crear países zombis, incapaces de salir del agujero recesivo, con una exigencia de reducción drástica de un componente importante de la demanda agregada. La experiencia histórica nos dice que a Estados Unidos, después de la II Guerra Mundial, le costó 10 años reducir el déficit. Suecia se apoyó en una fuerte depreciación monetaria que permitió impulsar sus exportaciones.

P. ¿La depreciación del euro es positiva?

R. La pérdida de valor del euro tiene muchas ventajas. Es un soplo de aire fresco para una economía que necesita desesperadamente exportar, porque la demanda interna va a estar muy deprimida durante bastante tiempo. ¿Exportar a quién? Exportar fuera de la zona. Porque es difícil exportar al vecino si este está tan deprimido como tú. Eso vale para Alemania, porque un 75% de su superávit exterior lo consigue con los países de la zona euro. Esto me lleva a la consideración de que el euro es una sinfonía inacabada, interpretada por una orquesta sin director.

P. ¿Qué falta para completar la sinfonía?

R. Falta arbitrar mecanismos de coordinación presupuestaria y fiscal y aceptar el principio de transferencias entre los Estados teniendo en cuenta sus situaciones de debilidad relativa. Hace falta, por supuesto, más disciplina, pero no podemos limitar la solución a reforzar los mecanismos de aplicación de un sistema que ha demostrado sus límites. El mercado único difícilmente sobrevivirá si no hay armonización fiscal y social.

P. Usted sabe por su experiencia en Europa que la armonización fiscal es tabú.

R. Como lo es también la coordinación presupuestaria; algún avance se ha hecho en este sentido. Ahora se habla de gobernanza económica. No soy tan ambicioso como los conversos que proclaman la necesidad de un gobierno económico. Me conformo con algunas formas de coordinación presupuestaria y fiscal.

P. ¿Por ejemplo?

R. En todas las modificaciones fiscales que han hecho los Estados miembros, sus vecinos se han enterado por la prensa. No ha habido ninguna clase de puesta en común de los problemas que eso iba a causar a los demás.

P. Alemania también ha comprimido los salarios, ¿no? El economista Costas Lapavitsas califica esta política de "empobrécete a ti y empobrece a tus vecinos".

R. La verdad es que Alemania, durante los años de Schröder, hizo un esfuerzo enorme de reducción de salarios y aumento de los impuestos indirectos para bajar cotizaciones sociales, buscando competitividad, mientras que otros países han aumentado mucho más sus salarios y perdiendo competitividad. Pero todos no podemos ser como Alemania. Para que alguien exporte, alguien tiene que importar.

P. Algunos analistas consideran que los Gobiernos no están legitimados para hacer un ajuste de las condiciones sociales porque los ciudadanos lo interpretan como un nuevo aumento de la desigualdad. ¿No hay riesgo de perder la cohesión social?

R. Esto es una de las características más importantes de esta crisis. El aumento de la desigualdad no es solo una consecuencia de la crisis, sino una causa de la crisis. Por ejemplo, los salarios de los trabajadores y clases medias estadounidenses no han aumentado con la productividad, y en vez de darles salarios les han dado facilidades de endeudamiento y provocado la burbuja de crédito en Estados Unidos. Si la renta nacional hubiera estado mejor distribuida, seguramente nos hubiésemos ahorrado una buena parte de las crisis.

P. ¿Y las medidas de ajuste van a generar más desigualdad?

R. Las medidas de ajuste, nos guste o no nos guste, están provocando aumentos en la desigualdad. Aquí se percibe el sentimiento de que el capital consigue escapar a la tributación, porque hemos liberalizado los movimientos sin ninguna clase de armonización fiscal. Esto exige una regulación para que el capital no escape sistemáticamente a la tributación. De lo contrario, hay un cierto riesgo sistémico para financiar el sistema social europeo.

P. Ahora, además de reducción de gastos, de déficit público, también se exigen desde la UE reformas laborales y del sistema de pensiones. ¿Hay riesgo de que la crisis se lleve por delante buena parte de los logros del Estado del bienestar?

R. Pues ese riesgo, sin duda, existe si no conseguimos distribuir los costes del ajuste de una forma más equitativa. El ciudadano puede acabar echándole la culpa a la construcción europea, cuando realmente Europa es el único instrumento para hacer frente colectivamente a esta transformación del mundo. No podemos pensar que los problemas de los griegos no son problemas también del conjunto de Europa.

P. ¿Esta crisis está pasando también factura a la construcción europea?

R. Además de vigilar los déficits públicos hay que avanzar en los elementos incompletos de la partitura. Hay que aceptar la necesidad de buscar reglas que eviten la competencia fiscal que existe. Es legítimo que el trabajador francés se pregunte por qué debe él con sus impuestos asegurar la deuda irlandesa, cuando Irlanda ha mantenido tipos de impuestos sobre sociedades del 12% y, por tanto, ha estado haciendo una competencia fiscal clara e incentivando la deslocalización de la actividad. O por qué las edades de jubilación son tan diferentes de unos países a otros. Esto es como un cesto de cerezas, si usted empieza la integración, es difícil quedarse a mitad de camino. Porque lo que tenemos delante es o convergencia o desintegración.

P. ¿Hay también una creciente preocupación porque el ajuste coincide con movimientos especulativos desaforados, no?

R. Lo que ocurre es que los Gobiernos deberían ser los policías de los mercados en vez de que los mercados sean los policías de los Gobiernos. Los Estados siguen sin establecer mecanismos de regulación que impidan esta especulación masiva. Y de cuando en cuando se enfadan y les amenazan, pero no parece que eso les importe mucho. Yo creo que los Gobiernos en la crisis griega han estado jugando al póquer con los mercados y han perdido la partida. Han estado diciendo, cuidado, no te pases en tus exigencias de rentabilidad a los bonos griegos porque, si te pasas, yo voy a intervenir y vas a perder hasta la camisa; pero al mismo tiempo decían, bueno, estas medidas que estamos anunciando, las anunciamos con la esperanza de no tener que aplicarlas, es decir, estamos jugando al póquer, y los mercados saben más de esto que los Gobiernos y les han estado derrotando una y otra vez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de mayo de 2010