La primera crisis del euro

España se mantiene a flote

España encara el vendaval de los mercados con una doble estrategia. Por un lado, el Gobierno ha desplegado ya el argumentario postcrisis, con la idea de que lo peor ha pasado -aunque los datos del paro se empeñen en desmentirlo- y que el crecimiento está a la vuelta de la esquina. Por otro lado, sólo dos días después de que Standard & Poor's (S&P) empeorara las perspectivas de la economía española y degradara la calidad de la deuda, el Consejo de Ministros aprobó el viernes un plan de adelgazamiento del Estado con la vista puesta en el mercado. Por si acaso el atisbo de recuperación no convence.

La agencia de calificación de deuda ha dibujado un panorama sombrío de aquí a 2016, con un tímido avance del 0,7% del PIB. Lo bueno es que ni los tradicionalmente más pesimistas se adhieren a esos augurios. El propio Fondo Monetario Internacional espera en 2015, último año para el que hace previsiones, una subida del 1,7%. Lo malo es que la onda expansiva de S&P, la principal entidad del sector, suele ser elevada.

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De momento, el impacto ha sido limitado. La diferencia entre el interés que se paga en los mercados por el bono alemán a 10 años -el que sirve como referencia- y el español ha crecido moderadamente en los últimos días. La brecha máxima (112,5 puntos básicos, es decir, 1,12 puntos porcentuales) se alcanzó el pasado martes, el día en que S&P degradó la deuda griega al nivel del bono basura, antes incluso de que cayera un peldaño la española, hasta el nivel AA. Los rumores sobre esa posible rebaja ya eran muy fuertes y el mercado avanzó el movimiento.

Tampoco la Bolsa ha sido despiadada. La nueva nota de la deuda, conocida minutos antes de cerrar la sesión bursátil, provocó un retroceso del Ibex, el principal indicador, cercano al 3%. Al día siguiente se recuperó casi por la misma cuantía. Queda por ver cuánto dura la tregua y si el desempeño de la economía -y la gestión que hagan de ella los poderes públicos- convence a los mercados, que hasta ahora compran deuda española a intereses históricamente bajos.

El Ejecutivo se aferra a los datos esperanzadores que van emergiendo de la marea. La recaudación fiscal despuntó un leve 0,8% en el primer trimestre del año, algo que tiene más que ver con las subidas de impuestos y las novedades de gestión que con una mejora de la actividad. Pero el dato permite ir calentando motores hasta el próximo 12 de mayo, cuando el Ministerio de Economía dé a conocer la evolución del PIB hasta marzo. Ese día, sus responsables confían en dar por terminados los descensos, de momento sólo intertrimestrales.

El sector financiero también camina hacia el ajuste, con varios procesos de fusión en marcha entre cajas de ahorros. El Gobierno defiende la solvencia bancaria, pero está por ver cuánto dinero público requeriere. Aunque el fondo de ayudas concede préstamos que deben ser devueltos, hasta que eso ocurra pasan a engrosar la deuda pública, que alcanzará el 66% del PIB este año según el pronóstico oficial.

La cifra más descontrolada -y paradójicamente la que recibe la respuesta más tibia- es el 20,05% de paro. La reforma laboral que negocia el Ejecutivo con los agentes sociales avanza sin prisas, como si al mercado le sobraran las señales de confianza.

Sobre la firma

Lucía Abellán

La redactora jefa de Internacional de EL PAÍS ha desarrollado casi toda su carrera profesional en este diario. Comenzó en 1999 en la sección de Economía, donde se especializó en mercado laboral y fiscalidad. Entre 2012 y 2018 fue corresponsal en Bruselas y posteriormente corresponsal diplomática adscrita a la sección de España.

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