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Reportaje:El impacto de la nube volcánica

En busca de trenes y autobuses

La huelga ferroviaria en Francia agrava la situación de los pasajeros

"Alicante: completo, Madrid: completo, Montpellier: completo, Irún: completo", y así seguía la lista en los paneles de información de la estación de Sants. Sólo los trenes que salían a última hora de ayer tenían plazas disponibles, que serían para los afortunados más madrugadores que habían conseguido una buena posición en la cola zigzagueante que recorría toda la estación.

Frente al panel informativo, entre la multitud y con cara de agotamiento, dos mujeres granadinas aguardaban turno para comprar billete. Habían viajado a Barcelona a pasar unos días de vacaciones y hoy tenían su vuelo de regreso. Enteradas del cierre del aeropuerto, llamaron a AENA y a Vueling, y les dijeron que no fueran al aeropuerto. Tras esto, intentaron, infructuosamente, alquilar un coche para volver a Granada. Todos estaban ocupados o les pedían unos precios exorbitantes. Ayer al mediodía buscaban algún tren para volver a casa, pero se contentaban con acercarse a ella: "Queremos ir al sur, como sea, nos da igual adónde". Por si acaso, tenían una reserva de hotel en Barcelona para pasar la noche.

Dos granadinas querían ir al sur. "Como sea, nos da igual adónde", decían

"Estamos saturados, todos los trenes con destinos nacionales están llenos, y si no lo están, lo estarán pasado el mediodía", explicaba ayer por la mañana una fuente del Adif. Los trenes con destino a Francia topaban con la huelga de trenes convocada en el país vecino.

Chris Biedron, hombre de negocios polaco, estaba con sus amigos tumbado en el suelo de la estación. Junto con ellos estudiaba una lista de cámpings cercanos para decidir dónde podrían intentar pasar la noche, puesto que su vuelo a Polonia también había sido cancelado. Fueron a la estación de Sants con la esperanza de poder llegar a algún país centroeuropeo y acercarse a Polonia, pero en vista del abarrotamiento de la estación y la saturación de los trenes, cambiaron de plan. Además, en una de las interminables colas conocieron a un joven que les facilitó contacto con un grupo de turistas polacos que hoy regresarán a su país en un autobús privado. Tenían suficientes plazas libres para él y sus acompañantes.

Los trayectos en autocar también fueron, para algunos, una solución a la parálisis aérea. En la estación de buses de Sants, un par de centenares de personas se amontonaban en las oficinas. Ayer era imposible encontrar plazas para llegar a las principales capitales europeas en las próximas jornadas. La compañía Alsa prevé aumentar las plazas entre el 20% y el 40%, en función del destino.

Hammami, marsellés de 42 años, esperaba turno para intentar volver en autobús a su ciudad de origen. "Espero, después de hacer dos horas de cola, sin conocer los destinos ni los horarios", explicaba. A su lado, un operario de una compañía de autocares se lamentaba: "Si al menos nos dieran una lista de disponibilidad para colgar por aquí...".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de abril de 2010