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PUNTO DE OBSERVACIÓN | OPINIÓN

Se matan de risa

La rebelión es un delito contra el orden público y los poderes del Estado, penado por la ley. En ningún país sensato y democrático una autoridad pública se atreve a hacer llamamientos a la rebelión como si fuera un chiste. !Cuesta imaginarse a un presidente de un Estado federado alemán, a una autoridad regional francesa, a los que se les pase por la cabeza que pueden llamar a la rebelión de los ciudadanos contra una ley del Parlamento!

En Madrid no pasa nada. La presidenta de la Comunidad de Madrid se mata de la risa anunciando una "campaña de rebelión" contra la subida del IVA en el territorio que representa (6,2 millones de habitantes y cerca del 18% del PIB total) y nadie en su entorno parece darle importancia. Pero la tiene. Y es una desgracia que entre todos lo dejemos pasar.

Una autoridad pública no llama a la rebelión contra la ley en ningún país sensato y democrático

En un país serio, los ciudadanos estarían seguros de que algo así acarrearía inmediatamente una seria advertencia y desautorización pública por parte de los responsables de su propio partido. En el nuestro, simplemente no hay nadie que crea que el máximo responsable del PP, Mariano Rajoy, le pueda decir algo a la presidenta de la Comunidad de Madrid, mucho menos reconvenirla.

Es una desgracia, y una pena porque en este país, la ciudadanía no es todavía así. Se intenta, desde luego, desde programas de televisión en los que se insulta y escupen miserias con el pretexto de hablar de política, (programas en los que participan, tranquilamente, periodistas que vienen tanto de la derecha como de la izquierda y que se matan también de la risa cobrando por decir o escuchar cosas increíbles). La ciudadanía ve esos programas pero, según las encuestas, parece todavía convencida de que la política es otra cosa. Solo así se explica que el político más valorado, en toda España, sea Josep Antoni Duran Lleida, un hombre que ni grita ni insulta, al que jamás se le oirá nunca llamar a la rebelión contra una ley.

Quizás los madrileños que nunca votaron al PP, y algunos que lo hicieron y que ya estén hartos, busquen alternativas para 2011. El PSOE perdió la alcaldía de Madrid en 1989, cuando una moción de censura desalojó a Juan Barranco. Es decir, hace 21 años. ¿Hay alguna razón lógica por la que a estas alturas siga sin conocerse quien será el candidato del PSOE en 2011? ¿Los madrileños que no apoyan a Gallardón tienen que afrontar la que se viene encima con los ojos cerrados, a la espera de una nueva ocurrencia de último minuto? ¿O tienen derecho a que se les tome en serio y se les ofrezca ya un candidato creíble, concienzudo, dispuesto a dejarse la piel hasta 2011?

Los socialistas perdieron la Comunidad en 1995, hace quince años, si no se tiene en cuenta lo ocurrido en 2003, cuando dos diputados criados en el Partido Socialista de Madrid, Tamayo y Sáez, a quien todo el mundo atribuyó relaciones con inmobiliarias de la región, le quitaron la presidencia a su correligionario Rafael Simancas, repentina e inexplicadamente. Siguieron años de esplendor inmobiliario, ¿recuerdan?

Algo ha estado haciendo terriblemente mal el PSOE y algo seguirán haciendo rematadamente mal si no cambia de actitud. Las encuestas siguen dando una mayoría holgada a Aguirre. ¿Acaso piensan que a Tomás Gómez podrá bastarle para ganar la mucha actividad que despliegue en la comunidad, las muchas visitas, encuentros y salidas que haga? Tomás Gómez hace seguramente un buen trabajo y tiene un estupendo equipo de colaboradores, entregados y luchadores. Pero ganar en Madrid no es solo una tarea del Partido Socialista de Madrid, sino del PSOE entero y es el Partido Socialista entero el que debía preguntarse si le esta dando a Gómez el peso político que necesita. No se trata de acompañarle y abrazarle en los últimos mítines. El peso político necesario en Madrid solo se consigue en la brega nacional y participando en los debates públicos esenciales. Lo saben perfectamente. Los madrileños, también. solg@elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de marzo de 2010