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La muerte de un grande de las letras | Su huella en el cine y el teatro

La milana de Azarías

El último mensaje que recibo de Miguel Delibes fue con motivo del 25º cumpleaños de la película que hicimos con su historia y con sus personajes. Me manda un libro sobre los perros que le habían acompañado en sus semanales viajes al campo. Y ese libro tiene una dedicatoria: "A Mario, que triunfó y me triunfó con Los santos inocentes". La guardo, la aprendo de memoria y la aprecio como se aprecian las cosas únicas, divertidas, directas y muy sentidas. En realidad, Miguel estuvo conmigo desde tiempos muy lejanos. Desde que recién llegado de la universidad leyera Mi idolatrado hijo Sisí, El camino, Las ratas... hasta las novelas posteriores; desde la primera vez que vi la película en la imaginación leyendo su tremendo y mágico poema de la tierra y del infortunio, hasta su novela El hereje, tan sabia y tan completa.

Le conocí y al momento traté de entenderle. Nos dio una lección magistral cuando nos contó la facilidad con que había rechazado un premio de bastantes millones que le ofrecían cuando apenas había escrito dos capítulos.

-Qué pensarán de mi -dijo.

-¿Quién? -le contestó el mensajero.

-Los que han presentado sus novelas al premio y se encuentran con que está dado antes.

-Eso qué importa, pensarán que su historia era la mejor, sin duda.

-A mí me importa. Y mucho.

Y de esta manera zanjó la cuestión.

Publicó la novela y no se jactó nunca de su rechazo y al contarlo le pareció imposible que alguien se prestara a semejante chapuza. Así es como siempre me gustaría recordarle. Fiel a sí mismo, a su literatura, a su manera de ver la vida. Sin aspavientos, socarrón, tierno e inflexible en sus planteamientos personales.

Leyó cuidadosamente el guión de la película que íbamos a intentar llevar a término con sus historias y sus personajes. "Deberían incluir más las palabras milana bonita, que repite el viejo Azarías". Tenía razón. Las dos palabras crean una consigna, una especie de leyenda. Hubo más encuentros. Efusión, reconocimiento, complicidad y cariño. Yo estoy orgulloso de ello. Lo disfruto en sus cuentos, en las novelas, en los relatos y hasta en los escritos más breves. ¡Qué logro más importante existir siempre, hasta el final de la vida de tanto lector, en el mundo entero, donde la creación perdura tan viva y tan emocionante y sincera como en el momento en el que el formidable narrador la estaba escribiendo dándole vida!

Mario Camus dirigió la película 'Los santos inocentes', basada en la novela de Miguel Delibes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de marzo de 2010