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Crítica:

Antiutopía de colmillo largo

Segundo largometraje de los gemelos australianos Michael y Peter Spierig tras su llamativa revisión del arquetipo zombi -Undead (2003)-, Daybreakers reformula otra tradición del género ofreciendo la última palabra en futuros distópicos al gusto gótico: una ordenada, civilizada, pero declaradamente perversa sociedad dominada por pulcros no-muertos, que han sistematizado la sangría de seres humanos, convertidos en reserva finita de nutrientes. La película de los Spierig logra afirmar su identidad propia en medio del contemporáneo hype vampírico dominado por la languidez romántica de la saga Crepúsculo. Tendencia que también ha sido capaz de generar una obra maestra tan cargada de poesía como Déjame entrar o una radical desarticulación de los lugares comunes del subgénero como la propuesta por el coreano Park Chan-Wook en la aún inédita en España Thirst.

DAYBREAKERS

Dirección: Michael y Peter Spierig.

Intérpretes: Ethan Hawke, Willem Dafoe, Sam Neill, Michael Dorman, Claudia Karvan, Damien Garvey.

Género: terror. Australia, Estados Unidos, 2009.

Duración: 98 minutos.

Sabio reciclaje

Daybreakers no esconde sus cartas: intenta recuperar el más feroz espíritu de la serie B, a través del sabio reciclaje de materiales de segunda mano -hay ecos evidentes de la serie Matrix y de la poderosa Vampiros, de John Carpenter, y es imposible soslayar la inspiración en Soy leyenda, de Richard Matheson-. Con esas piezas los directores articulan una lectura satírica del presente, que lanza sus cargas de profundidad contra la voracidad terminal del capitalismo y los claroscuros éticos de las industrias farmacéuticas. Con todo, los Spierig sólo se toman en serio la dimensión política de su discurso lo justo: lo prioritario es que la tesis no ponga obstáculos a las satisfacciones más epidérmicas de un eficaz producto de género.

Conviene subrayar, no obstante, que lo más interesante de Daybreakers está en la letra pequeña: en el prólogo que abre la trama en un registro, sutil y turbador, que los Spierig abandonan en el resto del metraje y en la descripción detallada de esa sociedad futura en penumbras -espejo deformante de un consumismo con muerte anunciada- que segrega sus propios segmentos de población marginal y se sumerge en el colapso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de febrero de 2010