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Una vuelta al oficio

Pocas trayectorias mejor que la de Simon Rattle encarnan la reacción a la era de los grandes divos de la batuta activos entre la década de los 50 y los 70 del siglo pasado, la era de la eclosión discográfica, con Karajan a la cabeza de todos los índices de venta. Frente al director mediático que se pone ante las mejores orquestas del planeta y convierte cada una de sus intervenciones en evento único, hábilmente publicitado, Rattle personifica cierta vuelta al oficio, la fidelidad a una sola formación con la que construir un sonido personal, único, reconocible. Su éxito se construye muy lentamente con la Orquesta Sinfónica Ciudad de Birmingham, cuya titularidad asumió en 1980, cuando el conjunto jugaba poco menos que en la tercera división sinfónica. Dieciocho años más tarde, cuando la dejó para hacerse cargo de la Filarmónica de Berlín, donde sucedía a Abbado, "su" orquesta había alcanzado la primacía en Gran Bretaña por consenso de la crítica. Y ese éxito se basaba no en su personalidad más o menos magnética, que hasta entonces había constituido la principal vara de medición de la dirección orquestal, sino en la personalidad de la orquesta, en su timbre específico, que viene a ser su ADN artístico.

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Pero su paso a Berlín es sintomático de otros deberes que debe afrontar el trabajador contemporáneo de la batuta. La sucesión de Abbado no resultó nada pacífica: los músicos estaban divididos entre quienes le preferían a él y quienes se inclinaban por Daniel Barenboim. Ganó él, pero no firmó el contrato definitivo hasta que obtuvo la aceptación de toda la plantilla. Un director que construye su trayectoria artística junto con la orquesta difícilmente podía proceder de otra manera: la excelencia en el sonido sólo es concebible en a partir del consenso, nunca mediante el batutazo. Mahler, Brahms y Beethoven han sido sus caballos de batalla para forjar esas personalidades orquestales, aunque no han faltado incursiones importantes en el repertorio contemporáneo.

Pero Rattle destaca también por otra característica propia de estos tiempos, y no de los anteriores: su compromiso con la pedagogía y la divulgación. Sus colaboraciones con el maestro Abreu y los jóvenes músicos venezolano y sus apariciones en televisión dan cuenta de un compromiso serio por salir de la sala de conciertos y acercar la música a todos los oídos. Sin esta apertura tampoco puede entenderse hoy una carrera de éxito como la de Simon Rattle.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 25 de febrero de 2010.

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