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Francia utilizó como cobayas a soldados en pruebas atómicas

Un informe muestra la desprotección de las tropas en el Sáhara argelino

El 13 de febrero de 1960, Francia realizaba la primera de sus 210 pruebas nucleares, a las que no puso fin hasta 1996, bajo la presidencia de Jacques Chirac. En los primeros años, cuando las pruebas se llevaron a cabo en el Sáhara argelino, el Ejército utilizó a sus propios soldados como cobayas, según revela un informe filtrado ayer por la prensa francesa.

El informe, clasificado como "confidencial de Defensa" y titulado Génesis de la organización y las experimentaciones en el Sáhara, fue redactado, según el diario Le Parisien, por militares anónimos en 1998. Describe las condiciones en las que se realizó la cuarta y última detonación en superficie, el 25 de abril de 1961. Se trataba de "experimentaciones tácticas", en las que se ejecutaron dos maniobras ofensivas y una defensiva para estudiar "la reocupación de una posición afectada por una explosión nuclear". Unos 300 soldados, la mayoría reclutas, participaron en las pruebas. El objetivo era "estudiar los efectos fisiológicos y psicológicos producidos sobre el hombre por el arma atómica".

Los militares se acercaron a tan sólo 800 metros del lugar de la explosión

A los 20 minutos de la explosión, los soldados, que habían recibido la orden de entrar en la zona afectada y dirigirse hacia el lugar en el que había impactado la bomba, salieron de sus refugios y "observaron la nube con temor". Un cuarto de hora después, avanzaron hacia el punto cero, seguidos por unas unidades motorizadas. Parte de los soldados, equipados con botas, guantes y máscaras de combate, dispusieron de 45 minutos para cavar unos agujeros y refugiarse a tan sólo 800 metros del lugar de la explosión, mientras que la patrulla de todoterrenos se acercó a 275 metros del punto.

Entre las conclusiones extraidas tras las maniobras, destaca la recomendación de reemplazar la máscara de gas por una simple máscara antipolvo para evitar problemas de comunicación que reducirían en un 50% el ritmo de marcha de la infantería. También concluye que, en caso de conflicto, "el comandante no entre en la zona de contaminación".

"Hemos sido cobayas del átomo", asegura a Le Parisien Lucien Parfait, antiguo recluta destinado a Argelia durante las pruebas atómicas. "Estaba a 10 kilómetros, en pantalones cortos, sin ninguna protección", relata, al recordar la primera explosión. Según la Asociación de Veteranos de las Pruebas Nucleares, que cuenta con 4.800 miembros, el 35% de sus integrantes padece cáncer y otro 55% sufre de alguna enfermedad grave. Tan sólo el 10% se encuentra en buen estado de salud. Parfait desarrolló a los 25 años nódulos cancerígenos en la tiroides y sufre crisis epilépticas.

El ministro de Defensa, Hervé Morin, ha asegurado desconocer la existencia de tal informe y prometió transparencia absoluta en el intento de esclarecer los niveles de exposición a la radiación de los militares franceses en todas las pruebas atómicas. Morin recordó que el Estado ha destinado este año 10 millones de euros para indemnizar a las víctimas de las explosiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de febrero de 2010