Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

"Aunque seamos delincuentes, hay que ser delincuente con honor, por lo menos"

La declaración del empresario autónomo Manuel Montes Carballa ratifica los contenidos de las escuchas telefónicas realizadas por la policía a los imputados en la trama. El ex restaurador de la Consellería de Cultura Carlos Gómez-Gil, el arquitecto de la Sociedade de Xestión do Xacobeo, José Manuel Pichel, y el jefe de servicio de la Subdirección Xeral de Conservación de Bens Culturais, Germán Hermida, figuran en las conversaciones como los interlocutores de Montes Carballa en la trama que, desde la Xunta, cobraba presuntamente comisiones ilegales a los adjudicatarios de la restauración de patrimonio histórico artístico. "La gente con que traté y con quien estuve siempre ahí fue contigo", le asegura por teléfono el empresario a Gómez-Gil en julio del pasado año, "y en segundo caso con Germán y con Pichel".

Pero la la red incumplió demasiadas promesas. Tantas que Manuel Montes, de nombre comercial como restaurador Da Vinci, le espeta al funcionario, el 11 de agosto: "Aquí todos somos mayores y sabemos donde nos metemos pero con un poco de responsabilidad, yo siempre te dije que aunque seamos delincuentes, hay que ser delincuente con honor, por lo menos". Cuatro meses más tarde, ante el interrogatorio de la policía en A Coruña, el restaurador aclaró que sí, que eso había dicho y que se refería a la necesidad de "hacer las cosas de otra manera y no ser tan informal".

Esa "otra manera" implicaba, para el empresario, que Gómez-Gil pagase los trabajos realizados por Da Vinci en las propiedades particulares del funcionario. "Evidentemente, si te pinto el piso de Camelias, yo te lo pinto con todo el cariño del mundo", comunica Montes al imputado, "pero yo te lo pinto pensando que voy a cobrar ese trabajo, sea de una forma, sea de otra, ¿no?". Montes Carballa es gráfico: "Si yo llamo a un pintor y le tengo que pagar por pintar tu piso [...] como comprenderás yo tengo que quitarlos de algún lado, no voy a quitarlos del aire, del cielo, tengo que quitarlos de mi bolsillo, de mi Visa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de febrero de 2010