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Análisis:EL ACENTO

Jamón y efectos especiales

El pabellón español de la próxima exposición universal, que tendrá lugar en Shanghai este año, tiene las formas sinuosas de un tejido, y puede parecer un cesto o un nido. Lo ha proyectado la arquitecta Benedetta Tagliabue, y la primera impresión que provocan sus formas tiene que ver con la sencillez (las placas de mimbre que lo recubren) y la complejidad (el entramado estructural que sostiene su delicada silueta). Es difícil saber a ciencia cierta cuánto de común hay entre la sensibilidad occidental y la oriental, y por tanto todavía es un misterio lo que los visitantes percibirán ante esta peculiar propuesta.

El siguiente paso es conocer lo que habrá dentro. La idea que ha orientado la elaboración de los contenidos ha sido la de contar una suerte de epopeya que cubre una vida: de la ciudad de nuestros padres a la ciudad de nuestros hijos. La invitación de Shanghai es la de pensar e imaginar de qué manera pueden hacerse más habitables los entramados urbanos del futuro. De ahí su lema: "Mejor ciudad, mejor vida".

Hay tres espacios expositivos en el pabellón y en ellos se mostrarán los trabajos de tres directores de cine, cada uno de ellos con un sello muy personal, pero todos conectados entre sí por el desarrollo temático. Bigas Luna se ocupa de lo primitivo y lo atávico, el origen; Basilio Martín Patiño da cuenta del camino recorrido, de la vieja a la nueva España, e Isabel Coixet avanza hacia delante sirviéndose de un bebé que sueña con su entorno.

De las cosas de comer se ocupará el chef Pedro Larumbe y de las cosas de vestir el diseñador José Miró. La voluntad de crear espectáculo y de adornarlo al mismo tiempo con un discurso de supuesta consistencia es una nota habitual de estas citas, y a veces las cosas salen bien y otras producen sonrojo. A España le conviene que su imagen de marca quede fuertemente grabada en China, ese gigante que ha crecido el 8,7% durante el año de la gran recesión mundial. Dice Larumbe que de lo que se trata es de que se conozcan los productos españoles (eso sí, presentados de forma actual). Contamos, pues, con el jamón, que siempre es una garantía (por raros que pueden ser los orientales). Queda por ver qué tal funcionará el punto más moderno: los efectos especiales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de enero de 2010