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Duro cruce de acusaciones en torno a 'El cónsul de Sodoma'

"Indigno y desleal". Así de contundente se mostró ayer el productor Andrés Vicente Gómez al leer las declaraciones del escritor catalán Juan Marsé sobre la película El cónsul de Sodoma, basada en la vida del poeta Jaime Gil de Biedma. El autor de Últimas tardes con Teresa había calificado en este periódico la película dirigida por Sigfrid Monleón como "grotesca, ridícula, falsa, inverosímil, sucia, pedante, dirigida por un fallero incompetente y desinformado, mal interpretada, con diálogos deplorables. Es una película desvergonzada, de título infamante y producida por gente sin escrúpulos". Lo cierto es que la película no deja impasible a nadie. Hay quienes la defienden y hay otros como Marsé que la critican sin piedad. Andrés Vicente Gómez cree que las declaraciones de Marsé esconden las verdaderas razones por las que está molesto con la película. "Está dolido porque se muestran aspectos de su vida personal. Él conoció a Jaime Gil de Biedma cuando era un pequeño escritor empleado de una joyería y se casa con la criada de una marquesa. Eso aparece en la película y la influencia que tuvo el poeta en su novela Últimas tardes con Teresa. Ver en imágenes esos aspectos de su vida le ha parecido terrorífico".

El productor de El cónsul de Sodoma y de varias películas basadas en novelas de Marsé acusa al escritor catalán de "eterno cascarrabias que siempre ha tenido un contencioso con el cine español y que gana más con las adaptaciones de sus novelas al cine que de los editores. Lo que le interesa de verdad es el dinero y está enfadado porque no he contado con él para escribir el guión de esta película. Ése es el verdadero motivo y no otro el que le ha llevado a ser tan desleal". Andrés Vicente Gómez ha producido varias películas basadas en las novelas de Marsé. "No entiendo que venda los derechos de sus obras y luego nunca le gusta nada de lo que hace y acabe mal con todos los directores". El cónsul de Sodoma es, según Marsé, "peor que mala. Es una ofensa a la memoria del poeta por su estupidez y su grosería, algo que va más allá de su absoluta insolvencia cinematográfica".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de enero de 2010