Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Tras la guerrilla, el escenario

Ex combatientes colombianos y compatriotas se unen en un grupo de música para la paz que actúa en Madrid

Brayan se fue de casa con 14 años y empuñó un arma como si nada. Eso fue el 15 de septiembre de 2001. Al cabo del tiempo, su familia le dio por muerto y celebró una misa por su alma. Pero estaba vivo. En la selva colombiana. Vivo y con el sonido de los disparos metido en la cabeza. Se fue de casa porque tenía problemas, no había pan y nadie le apoyaba en su lucha por ganarse la vida cantando, relata. "La necesidad tiene cara de perro", suelta hoy mientras mira a los ojos. El caso es que un día llegaron unos muchachos y le contaron esto: "Estarás dos meses entrenándote y, si sirves, a la guerra". Y sirvió. Durante cinco años fue patrullero y lloraba cada vez que veía un asesinato. Meditaba: "¿Por qué lucho si no le tengo rabia a nadie?". Pensó en quitarse la vida. Y el 15 de agosto de 2006 no aguantó más: entregó las armas y se fugó como si nada pasando por la selva hasta llegar a su pueblo. Ésta, dice Brayan, fue su primera vida.

"No pensamos en el pasado", dice una ex miembro de las FARC

En la segunda, en lugar de disparos, suena vallenato y salsa. Brayan, ahora sí, canta. Es una de las 12 personas que forma parte del proyecto Canta Conmigo por la Reintegración, del Gobierno de Colombia. La iniciativa une a ocho personas desmovilizadas de los grupos armados y cuatro de los barrios donde esos ex guerrilleros están ahora viviendo. Algo insólito. Juntos forman un grupo de música y han grabado un disco. Esta semana han actuado en Londres y mañana lo harán en la Casa de América. Se sacuden prejuicios. Creen que los colombianos acabarán unidos.

Ellos lo están. No hay más que ver uno de sus ensayos. Se desmelenan, se ríen juntos, mueven el trasero. Cecilio y Sonia son vecinos de los barrios donde esos ex guerrilleros están integrándose y al principio no sabían qué hacer ni como hablarles. "Pero son personas que sufren, sienten, y se merecen una oportunidad", relata él. Sonia pensó que su vida corría peligro: "Yo dije: 'Ah, no. Yo me voy de aquí'. Pero me quedé. Dios siempre sabe por qué hace sus cosas. Ahora Sara es mi mejor amiga". ¿Y quién es Sara? La que canta esto: "Había tanto amor que Dios lo vio y me lo dejó a mi nombre, y, aunque a veces se me esconde, aparece a mi favor". Y esta Sara (Sara Morales, de 24 años, embarazada de casi seis meses, con una capacidad para contar historias mayor que la de muchos escritores) es punto y aparte.

De los 11 a los 22 años perteneció a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). A Sara la reclutaron en el colegio. Le dijeron: "Si usted se va, su mamá pagará los platos rotos". Así que Sara ni rechistó. Vivió entrenamientos militares de 11 horas. Vio niños que caían muertos. Pasó días sin comer. "Es más importante un fusil que una vida", explica como quien transmite una historia ajena. Con 13 años los guerrilleros la ataron a una cama, le dieron una paliza y la violaron. "Me llené de odio". Más tarde, se hizo novia de un guerrillero y tuvo a sus dos primeros hijos en la selva. Luego se convirtió en locutora de radio de la guerrilla. Tergiversaba las noticias. "No me las creía, pero era la única manera de alejarme de la guerra". Hace dos años se escapó (como el 40% de los desmovilizados). Las pasó canutas para que no la descubrieran. Ahora tiene un deseo: "Mostrarle a la gente que queremos convivir y que no pensamos en el pasado". Ahora, Sara vive con su novio (el de antes, el ex guerrillero) y espera su cuarta criatura para marzo. Canta mientras se toca la barriga. Dice que así se siente libre.

Canta Conmigo por la Reintegración. Jueves, 20.00. Casa de América. Recoletos 2. Entrada libre .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de diciembre de 2009