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Muchos electores y pocas urnas

Los bolivianos esperan durante horas para elegir al presidente del país

Cuando Lola Flores divisa el final de la cola se lleva las manos a la cabeza. La mujer, que se enteró en España de que compartía nombre con una folclórica universal, se coloca la última con su marido. "Mi voto irá contra Evo, quiero un candidato que se preocupe más por el empleo", dice él. Aún le queda rato.

La fila de votantes bolivianos da dos veces la vuelta al edificio del centro cultural Cánovas del Castillo (Usera) y toca aguardar horas. En el centro cultural de Orcasur la fila doble se repite.

Una treintena de personas con chalecos naranjas organizan el tráfico en las 76 mesas electorales. Hay protestas por la espera y por los que intentan colarse. Muchos acuden pensando que el voto es obligatorio, como en Bolivia. Los organizadores repiten una y otra vez que en España no se sanciona.

Mónica Ayarín y María Molina, de 41 y 36 años, aprovechan la cola para hablar de lo que dejaron allá: los hijos a los que no ven desde hace cuatro años, a los que dan consejos por conferencia telefónica, a los que les ahorran las penurias y detalles del trabajo doméstico de acá y a los que añoran cada minuto.

La fila también puede ser una oportunidad. Repartidores de publicidad -préstamos, viajes, limpiezas bucales...- y vendedores de comida hacen negocio. Hay coches con el capó abierto donde los votantes hambrientos compran salteñas,unas empanadas típicas con masa dulce e interior salado que se comen calientes.

Arquímedes Justiniano, que apuesta por Evo Morales, llevó su propia comida a la cola. Le vino bien para aguantar seis horas antes de depositar la enorme papeleta gris, del tamaño de una hoja de periódico y con la foto de los ocho candidatos.

El presidente de la mesa abre la papeleta y la exhibe antes de cada votación. Es un ritual obligatorio y eso también retarda el proceso, explica Sebastián Salinas, del Comité Nacional Electoral. Él y su equipo llevan levantados desde las cinco de la mañana y no dan más abasto. Salinas apela a la comprensión de sus compatriotas. Son muchas "las limitaciones materiales y económicas", dice, en los primeros comicios en el exterior.

Patricia Díaz, de 31 años, se presenta en el colegio electoral con una niña de la mano y embarazada de otro bebé. Las madres tienen preferencia y no guardan cola. Ella asegura que habría venido igual, aunque le hubiera tocado esperar. "Me siento en la obligación, voto por el cambio porque veo a Bolivia muy triste".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de diciembre de 2009