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La guerra por Caja Madrid

Los concejales aguirristas fracasan en su intento de destituir a Cobo

Gallardón sometió a votación el cese de su 'número dos' en el Ayuntamiento

El Ayuntamiento de Madrid escenificó ayer lo que se sabía desde el primer día de legislatura. Los números son tozudos y las listas confeccionadas por el PP para la capital de España obligan a convivir en la misma bancada a 15 ediles aguirristas y 19 gallardonistas. La tormenta desatada por la entrevista concedida a EL PAÍS por el vicealcalde Manuel Cobo y la ofensiva de Esperanza Aguirre para que la dirección nacional le sancione llegó ayer a ese grupo municipal dividido: los ediles colocados por Aguirre pidieron la dimisión de la mano derecha de Alberto Ruiz-Gallardón. Y éste, en una decisión sin precedentes, sometió a votación la cabeza de Manuel Cobo: 13 ediles exigieron su dimisión; otros dos concejales aguirristas se ausentaron, y el resto (19), los gallardonistas, dieron el sí al vicealcalde.

"Le he respaldado por amistad y por convicción", afirma el alcalde

Ana Botella, que está en la dirección regional del PP, pidió paz y apoyó a Cobo

La reunión que se celebraba en dependencias del Ayuntamiento sobre asuntos municipales quedó sepultada por el turno de ruegos y preguntas. Todos esperaban lo que iba a suceder. En ese momento, unos 100 alcaldes del PP en la región (todos designados en su día como cabezas de lista por el equipo de Aguirre, y dependientes ahora de ella para su reelección) ya habían firmado un manifiesto pidiendo la sanción a Cobo. Pero nadie en la sala intuía que esa guerra se fuera a librar a mano alzada.

Ángel Garrido, concejal de Vallecas y destacado aguirrista, tomó la palabra y leyó fragmentos de la entrevista de EL PAÍS simulando que quien lanzaba las criticas era alguien cercano a Aguirre contra el entorno de Gallardón. "Alcalde, si eso lo hubiera hecho un concejal, te habría parecido una deslealtad. Las declaraciones ofenden a mucha gente y un portavoz tiene que tener un punto de conciliación", lanzó Garrido antes de pedir la dimisión de Cobo, encender la mecha y proponer a Ana Botella como nueva portavoz.

Le contestaron los gallardonistas Paz González y Miguel Ángel Villanueva. Éste tiró de hemeroteca para recordar todas las críticas vertidas contra compañeros de partido por Aguirre y sus consejeros Juan José Güemes e Ignacio González. "Ángel, no te oí pedir ninguna dimisión en esos casos", le dijo a Garrido. A partir de ahí, miembros de un bando y otro fueron tomando la palabra alternativamente. Nueve ediles aguirristas más argumentaron su deseo de ver caer a Cobo. En el lado contrario, defendieron al vicealcalde cinco concejales, Gallardón y el propio portavoz que estaba siendo juzgado. Eso fue hasta que los turnos de palabra empezaron a ser reiterativos y el alcalde, pese a que sólo él tiene la potestad de nombrar o destituir al portavoz del grupo, propuso la votación.

Entre las voces más valoradas por los gallardonistas se elevó la de la concejal de Medio Ambiente, Ana Botella. La esposa de José María Aznar, que es miembro de la dirección regional y nacional del partido, hizo un discurso conciliador y reclamó unidad para salir adelante, según varios asistentes. "Hay que cerrar las heridas", dijo. Botella, número dos en las listas, apoyó la continuidad de Cobo. Ese fue un triunfo exhibido por los gallardonistas.

El concejal Luis Asúa reprochó al alcalde que hubiese consentido la publicación de la entrevista. "No es tu forma de actuar y está haciendo daño a la imagen conciliadora que tienes", le dijo. Asúa lo atribuyó a la amistad que une a Gallardón con el vicealcalde. "[Lo he hecho] Por amistad y por convicción", contestó el alcalde, asumiendo así todo el discurso de Cobo y las críticas contra Aguirre. Asúa afeó también a Cobo que citara un supuesto pacto con Zapatero; el vicealcalde tuvo que aclarar que se refería a una comida que tenían pendiente por ser ambos de León.

La reunión se fue calentando y algunos aprovecharon para ajustar cuentas antiguas. El edil de Moratalaz y ex asesor de Aguirre, Fernando Martínez Vidal, reprochó a Gallardón que el Ayuntamiento tratase mejor a los organizadores de la manifestación del Orgullo Gay que al Foro de la Familia en su protesta contra el aborto. Le contestó Pedro Calvo (edil de Seguridad y acérrimo gallardonista) y le acusó de mentir. A través del micrófono de su asiento, Calvo puso en voz alta el mensaje que Benigno Blanco, organizador de la marcha, le dejó en el móvil días atrás. "Pedro, quiero agradecerte la colaboración del Ayuntamiento, transmíteselo al alcalde", se oyó en estéreo y ante el desconcierto general.

Martínez Vidal siguió con sus cuentas y afeó a Gallardón que hubiera criticado a los que silbaron a Zapatero el día de la Hispanidad. Quizá le traicionó el subconsciente, porque dijo que la gente que silbaba era "del partido". Y que él hubiera estado ahí de no haber estado en la grada.

Al término de la tensa reunión, el alcalde quiso explicar su contenido ante los periodistas para que no se filtrara interesadamente. "Un partido puede tener diferencias, divisiones, pero nunca puede dejar de hacer aquello para lo que constitucionalmente fue convocado, que es estar al servicio de los ciudadanos y trabajar para ellos", zanjó Gallardón mientras un edil aguirrista, Carlos Izquierdo, ponía la oreja.

-¿Lo he resumido bien, Carlos?- le espetó el alcalde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de octubre de 2009