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Crítica:

Gravedad cero

En una división quizá un tanto restrictiva, la ciencia-ficción puede apelar a la mente o puede apelar a la sangre, al intelecto o al entretenimiento. Así, 2001: una odisea del espacio y Solaris pertenecerían a la primera categoría; La guerra de las galaxias, a la segunda; y mientras, en un término medio podría estar Blade runner.

Por sus características esenciales, Moon, debut del británico Duncan Jones, debería suplicar a la neurona: un único protagonista, solitario trabajador de una empresa privada que, durante tres años, ejerce su actividad en la Luna; un supuesto viaje al interior del ser humano, a la manera del náufrago Robinson Crusoe; una presunta crítica a la hipercomercialidad de la ciencia, un apunte sobre el futuro de la clonación... Y, sin embargo, la superficialidad de sus exposiciones, el pastiche de sus referencias técnicas y científicas, la risible última línea de diálogo que a buenas horas pone sobre la mesa la problemática de la inmigración, y las nulas aportaciones acerca de las especulaciones sobre el futuro que nos aguarda llevan a pensar que quizá estemos ante una tentativa de la segunda categoría. Pero no hay acción, apenas aventura, tan sólo una pizca de emoción, y, en materia de intriga, su sorpresa final se ve venir desde mitad del trayecto.

MOON

Dirección: Duncan Jones. Intérpretes: Sam Rockwell, Kevin Spacey (voz).

Género: ciencia-ficción. EE UU, 2009. Duración: 97 minutos.

¿Qué es entonces Moon? Si apelamos a la mente: la nada. Si apelamos a la sangre: un peñazo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de octubre de 2009