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Un muerto en Castelldefels

El episodio más dramático relacionado con los manteros se produjo el 13 de julio en Les Botigues de Sitges (Garraf). Ibrahima Seck, senegalés de 30 años fue arrollado por un tren, supuestamente cuando huía de la policía, aunque ni a la Guardia Urbana ni a los Mossos d'Esquadra les consta una operación en la zona ese día. Seck era uno más de los vendedores que tratan de sobrevivir sin excesivas oportunidades porque carecen de documentación en regla. Llevaba dos años en España, siempre en precario.

Diferente fue lo ocurrido en Roses (Alt Empordà), población en la que actúan unos 200 vendedores ambulantes en constante tensión con la policía local. El pasado 4 de agosto, cuatro agentes se vieron envueltos en una refriega cuando intentaban incautarse del material de los manteros. Uno de ellos acabó con arañazos, según el concejal de Seguridad Ciudadana, Ángel Torrera (PP). Ocurrió hacia las 23.30 horas. Dos policías encontraron a dos vendedores ambulantes en las inmediaciones del hotel Monterrey. Ambos echaron a correr y los agentes les siguieron hasta la playa. Allí se vieron rodeados por más de 30 manteros. Otros dos policías acudieron en su auxilio, pero no fue suficiente para apaciguar los ánimos. Los vendedores les lanzaron objetos y forcejearon con ellos. Fue necesaria la intervención de una patrulla de los Mossos d'Esquadra para restablecer la paz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de agosto de 2009