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Crítica:

La chica del gánster

Casi todos los grandes mafiosos y corruptos van por el mundo de la mano de señoras más o menos imponentes que entienden su existencia a través de una especie de examen oblicuo que les hace ver sin mirar, oír sin escuchar, entender sin preguntar, recoger sin pedir. La protagonista de Arráncame la vida, película del mexicano Roberto Sneider, basada en la novela de Ángeles Mastretta, es una de esas cómplices que a veces van de víctimas, una de esas víctimas que a veces van de cómplices. Una Carmela Soprano del México de los años treinta, país enfangado en la sempiterna corrupción.

Amor y política, sexo y corrupción, se unen en la película, impecable producción, la más cara de la historia del país, a la que ha puesto fotografía Javier Aguirresarobe. Sin embargo, mientras la vertiente política de la trama está presidida por cierto poderío, el retrato de la mujer del jefe, de la limpia de corazón que no duda en poner la mano cuando le conviene, resulta una pizca más complaciente de lo que debiera, como una suerte de feminismo mal entendido que acaba dorando la píldora a quien no merece tanta comprensión. Sneider y Mastretta, coguionistas, han resuelto bien la papeleta de la narración con una voz en off muy presente pero nunca desequilibrante, y hasta la aparición del amante de la mujer, la película siempre va hacia arriba, con convicción, con excelentes interpretaciones de Ana Claudia Talancón y, sobre todo, de Daniel Giménez Cacho, un ogro que en el momento más inesperado ofrece la mirada justa para no acabar resultando un monigote. Es, en cambio, en el tercio final, cuando Sneider pierde un tanto el tono con la puesta en escena, acentuando el elemento de folletín y subrayando en demasía las escenas de amor (¡música vehemente, plano cenital, campo de flores!), más cursis que bellas.

ARRÁNCAME LA VIDA

Dirección: Roberto Sneider.

Intérpretes: Ana Claudia Talancón, Daniel Giménez Cacho, José María de Tavira.

Género: drama. México, 2008.

Duración: 107 minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de julio de 2009