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COLUMNA

Los dinosaurios nunca mueren

Dos dinosaurios trascienden las eras y las glaciaciones y con sólo aparentes trompicones siguen adelante y logran expresar un país, una sociedad. Los dos, el peronismo en Argentina y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México, han participado en las últimas semanas en sendos comicios, el primero para renovar un tercio del Senado y la mitad de la Asamblea y el segundo para elegir a los 500 diputados de la Cámara. La diferencia entre ellos estriba en que los mexicanos han facilitado una temprana resurrección del partido que gobernó el país durante casi todo el siglo XX, mientras los argentinos siguen en su eterna guerra intestina, aunque no por ello la nación deje de ser básicamente peronista.

El peronismo, más que un partido, es un gen. El PRI fue decisivo en la creación del México moderno

En Argentina, desde hace medio siglo, y con las interrupciones que el Ejército ha forzado a observar, miden sus fuerzas peronistas y los demás, y ocurre que casi siempre ganan los primeros, sólo que con frecuencia se suelen oponer no sólo a sus adversarios, sino entre ellos mismos. En esta ocasión, el matrimonio Fernández-Kirchner -Cristina y Néstor-, la primera, presidenta, y el segundo, hasta entonces jefe del partido, que representan el peronismo oficialista, han sido severamente batidos por diversas coaliciones entera o parcialmente integradas por peronistas. Y lo más parecido a un caballo ganador ha sido el ex campeón de fórmula 1 y gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, el hombre que hasta cuando habla calla, y que se perfila como líder de los peronismos ante las presidenciales de 2011. Junto a ello, también puede contabilizarse el fin del kirchnerato, el plan que en su día se atribuyó a Néstor Kirchner, de gobernar por boda interpuesta 16 años, ocho cada uno.

El PRI, que sufragó el domingo pasado, obtuvo, en cambio, con sus aliados más de la mitad de los escaños, casi nueve puntos por encima del PAN, la derecha que tiene la presidencia, y a distancia afrodisiaca del PRD, la izquierda radical a ráfagas. En el año 2000, el partido perdió la primera magistratura a manos del PAN, y en 2006 los conservadores ratificaron esa victoria. Pero el PRI, aunque sólo contaba con un quinto de los escaños, era ya pieza esencial de la gobernación a través de sus acuerdos con el presidente Felipe Calderón. Y ahí comenzó el regreso. En 2007 ganó las elecciones en Tamaulipas, Puebla, Oaxaca, y le arrebató Yucatán al partido en el poder; y en 2008, Quintana Roo, Nayarit, Guerrero, Coahuila e Hidalgo, lo que lo convertiría en la única formación política con auténtica proyección nacional.

La histórica formación política se ha recompuesto con el nombramiento de Beatriz Paredes a la presidencia del partido, que la socióloga de la UNAM gobierna con tacto e inteligencia, acompañada, aunque quizá también un poco vigilada, por el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, y el jefe de los senadores del PRI, Fabio Manlio Beltrones.

Los dos partidos han pasado por situaciones parecidas. El PRI estaba machihembrado por el poder, y las derrotas de 2000 y 2006 produjeron una grave dispersión de efectivos. Hoy estamos ante una agrupación de federaciones de provincias, que la dirección sabe, sin embargo, mantener cohesionadas a la espera de la gran liturgia: la selección del candidato presidencial, un tapado que seguramente aún está por tapar. Si el PRI acierta a colaborar con Calderón en la lucha contra el narco, y contribuye a cruzar ese Rubicón que es pasar de detener narcotraficantes a detener a los altos funcionarios que aceitan todo el proceso, tendrá una excelente oportunidad en las presidenciales.

El justicialismo argentino, de forma aún más extrema, es una confederación magmática de sensibilidades tan diversas que en ello encuentra tanto su debilidad como su fuerza. El peronismo, más que un partido, es un gen al que se puede afiliar cualquier argentino, con tal de que emocionalmente así lo sienta. Y el PRI es el partido que sintetizó los resultados de la revolución de 1910, decisivo en la creación del México que conocemos, desde la cinematografía nacional a una posición en el mundo que en su día se consideró progresista. Ese PRI por supuesto que no gobernaba en democracia, carrera que ha habido que cursar durante una transición que probablemente aún no ha concluido, pero el partido del gran Vasconcelos vuelve. Peronismo y priísmo han atravesado el mar de las tinieblas porque encarnan una realidad casi imposible de precisar en la distancia. México y Argentina son en gran parte su obra; son países que se han hecho así mismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de julio de 2009