Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Contra los "muros de la vergüenza"

La Ertzaintza aplica la política de "tolerancia cero" en las calles - Se espera un "verano caliente" por la retirada de símbolos de exaltación de ETA

"Esto es bastante sencillo: estamos pisando el callo a la gente de la izquierda abertzale y vamos a ver hasta dónde apretamos. ¿Qué creían, que nos íbamos a quedar quietos mientras nos tienen en el punto de mira? Vamos a tener un verano caliente, porque dedican 24 horas al día para ver cómo responder a esta presión. Y no son de ceder los espacios que consideran suyos. Pero tengo claro que el colectivo va a responder bien porque sienten que tienen detrás el apoyo de sus jefes y del equipo político". Juanlu (nombre ficticio) pasea por Galdakao (Vizcaya) con su compañero de armas, Roberto (identidad falsa). Van de paisano.

Ambos han mamado la lucha contra ETA y contra la kale borroka en un cuerpo que ha visto cómo en los últimos años se le han ido retirando los galones y la confianza en esa materia ante la falta de resultados en la lucha antiterrorista.

"Lo nuevo es el apoyo que sentimos del equipo de Interior", apunta un 'ertzaina'

En Mondragón hasta la alcaldesa de ANV retira los carteles pro-ETA

El pasado 31 de mayo, mientras se apagaba en el BEC de Barakaldo (un palacio de Congresos) el discurso de Zapatero en la Fiesta de la Rosa, los hombres del consejero Rodolfo Ares aplicaban en Galdakao la política de "tolerancia cero" contra los que apoyan el terrorismo de ETA jaleando y extendiendo la infamia por las paredes de Euskadi. "Fuimos a la txosna que habían montado junto al Ibilaldia [la fiesta de las ikastolas de Vizcaya]. Había fotos de presos etarras y una pancarta con el anagrama de ETA. Aquello era impresentable. Empezaron a llover toda clase de objetos, pero los compañeros no se arredraron". Resultado: dos agentes heridos, varios radicales con brazos en cabestrillo y las pancartas de exaltación del terrorismo en la basura.

Ese fin de semana fue especialmente intenso en la nueva etapa abierta por el Ejecutivo de Patxi López en favor de la deslegitimación de la violencia en primera línea y de la recuperación de espacios de libertad. En total, los agentes retiraron 25 pancartas, 20 de ellas en Bilbao y el resto, en Bergara. "Piensan que la calle es suya, que el territorio que marcan pasa a estar liberado. Y han conseguido que mucha gente vea como una provocación que los ertzainas se adentren en los recintos festivos, en sus cotos", dice Juanlu.

Pero el "tiempo de la impunidad ha llegado a su fin", como resaltó el lehendakari en su discurso al final de la marcha de repulsa por el asesinato del policía Eduardo Puelles. Y los libros de historia siempre marcan con una fecha de referencia los acontecimientos que abren nuevas etapas. En Euskadi, ese Rubicón hay que buscarlo en Mondragón, donde aún continúa la alcaldesa de ANV, y tiene un nombre: la caída del muro de la vergüenza, la retirada de las 18 enormes fotografías de presos de ETA del municipio.

Ocurrió un 12 de marzo, por orden de la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Aún estaba al frente de Interior, en funciones, el consejero Javier Balza, que siempre ha cumplido todas las órdenes que llegaban con rúbrica de los jueces o fiscales de la Audiencia Nacional. La concatenación de hechos es la siguiente: aprobación por la Cámara vasca de la Ley de Reconocimiento y Reparación a las Víctimas del Terrorismo, que ordena a las instituciones actuar contra toda afrenta contra las víctimas. Después, la orden de Fiscalía de la Audiencia Nacional, que arrumbó el muro de la vergüenza en Mondragón y de manera inmediata dos órdenes por escrito con normas de actuación para los agentes a la hora de quitar ese tipo de pancartas. Los escritos iban firmados por el entonces jefe de División de Seguridad Ciudadana de la Ertzaintza.

-¿Dónde está entonces la novedad?

-"Lo nuevo es el apoyo que sentimos con el nuevo equipo, vemos que están detrás para que nosotros soplemos luego en la nuca a los radicales", apunta Roberto, que también espera un verano caliente y echa de menos un recordatorio de Interior para que los ertzainas carguen las pilas de la autoprotección. Mondragón se ha vuelto ecologista de un plumazo. Desde la plaza del Sebero hasta la Universidad sus paredes son historia viva de Euskadi: pintadas de Ahora Batasuna, D3M, ¿Non Da Jon?, Gora Segi o incluso varias en recuerdo del grupo punki de la margen izquierda de Bilbao, Eskorbuto.

La localidad que enterró un día triste y plomizo de marzo de 2008 a Isaías Carrasco rodeada de carteles proetarras y con muchos vecinos tomando potes en sus bares, ha mudado de piel. Ha sustituido la exaltación a ETA, por pintadas, cartelería varia y convocatorias contra el Tren de Alta Velocidad. En la balconada del consistorio cuelga un cartel con el lema Pobreza Zero y en su esquina derecha resiste una pancarta con el dibujo de Euskal Herria y el lema Euskal presoak, Euskal Herrira (Los presos vascos, a Euskal Herria). Pero lo más significativo: que su alcaldesa cumple los requerimientos de Interior para retirar en 24 horas todo lo que huela a exaltación etarra. El mundo político de ETA prepara la contrarréplica para este verano en las fiestas, en la calle, en las txosnas... La Ertzaintza ha puesto pie en pared.

Las pancartas y el diablo etarra

Las pancartas, a veces, las carga el diablo. Y en Euskadi, el diablo prefiere el olor de amonal recién activado o del potente amonitol al del azufre. Bien lo saben los ertzainas y los miembros de la Guardia Civil y de la policía. Policía asesina, ETA mátalos. Ése era el lema de la pancarta que dos ertzainas

fueron a retirar en el parque de Etxebarria de Bilbao en noviembre de 2001. Un comunicante anónimo informó a la policía de la presencia de la pancarta y la patrulla se desplazó hasta allí. Era de noche. La explosión de los casi dos kilos de explosivo rebotó en la parte alta de Bilbao. Los agentes resultaron heridos, pero salvaron la vida. Los terroristas esperaron a que los ertzainas

se acercaran lo suficiente para activar a distancia la bomba.

Diez meses después, en Leiza (Navarra), con otra pancarta trampa, los etarras gritaron "bingo": 15 kilos de explosivo arrebataron la vida a un cabo de la Guardia Civil y dejaron malheridos a tres compañeros.

Desde entonces, la obsesión de ETA por cazar a un agente de la policía vasca ha crecido exponencialmente. Las medidas y el cuidado de los policías, también. "Sabemos que están ahí y que nos tienen ganas. Por eso extremamos al máximo nuestra seguridad", admite un alto mando de la Ertzaintza, que cuida que sus agentes no se arriesguen innecesariamente. Desde hace tiempo, conscientes de que como decía la canción Anda suelto Satanás, los mandos no dan luz verde para realizar ninguna actuación de riesgo por la noche.

Todo el mundo sabe que este verano, alguna pancarta, con un lema goloso por injurioso o con el anagrama de ETA con el hacha y la serpiente, puede esconder un regalo

mortal. Y anda suelto Satanás.

Un pie en la pared

- Operativos policiales. Desde el pasado 3 de abril, la Ertzaintza (policía vasca) ha realizado un total de 39 actuaciones en 29 municipios de las tres provincias vascas. Los ertzainas, en varias ocasiones protegidos por los antidisturbios de élite de la Ertzaintza -los beltzas (negros) por el color del uniforme- han retirado carteles, fotos de presos etarras y pasquines, además de borrar pintadas. La policía ha arrestado a cuatro personas, identificado a 51 y remitido 18 atestados a la Audiencia Nacional y cuatro al juzgado de guardia.

- El fin del 'muro de la vergüenza'. Once días después de las elecciones vascas (1 de marzo) y antes de que Patxi López fuese investido lehendakari el 5 de mayo, la Ertzaintza, con el consejero Javier Balza al frente, retiró por orden de la Fiscalía de la Audiencia Nacional el muro de la vergüenza de Mondragón: las fotos de 18 presos de ETA. La semana pasada, la alcaldesa, de ANV, cumplió el requerimiento de Interior y retiró carteles de homenaje a ETA.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de julio de 2009

Más información