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Reportaje:Un mito de la música popular

El Apollo resucita a Michael

Centenares de personas participan en el homenaje organizado en Harlem

Michael Jackson dio sus primeros pasos hacia la fama en el mítico Apollo, el primer teatro del planeta que se rindió ante él con apenas nueve años. El cantante apenas levantaba un metro del suelo pero él y sus hermanos, los futuros Jackson 5, consiguieron que los cientos de espectadores que acudieron a la cita semanal de aquel local con su concurso de talentos les proclamara, un ya lejano 1969, ganadores indiscutibles de la llamada noche amateur.

Entre el público que presenció el nacimiento de la estrella estaba Paula Schoheard, una mujer que ayer sudaba y sonreía por igual sumergida en chapas de Michael Jackson a las puertas del Apollo, donde anoche se consumaba el primer tributo pseudo oficial a la memoria de un cantante para cuyos fans "no morirá nunca", como expresaba Paula Schoheard. "Para mí, el recuerdo de Michael siempre irá unido a aquella noche en que mi padre me llevó al concurso de talentos y le vimos cantar por primera vez. Ni yo ni el público tuvimos dudas: todos gritamos y aplaudimos y le proclamamos ganador", recordaba.

El cantante triunfó a los nueve años en este escenario en 1969

Los hermanos Jackson aún estaban lejos de tener un repertorio propio y decidieron interpretar el Who's loving you de Smokey Robinson. Pero su presencia y su ritmo dejaron huella. "A mí no se me olvidaron, cuando después vi que los Jackson 5 se hicieron famosos pude presumir entre mis amigas de haberles visto antes que nadie". Por eso Schoheard, de casi sesenta años, quiso estar ayer otra vez en el Apollo. Llegó a las cinco de la mañana a las puertas de un teatro "donde las estrellas nacen y las leyendas se hacen", según reza el lema insignia de un local que también vio nacer a Ella Fitzgerald, James Brown o Bill Cosby, entre otros. Diez horas después, esta afroamericana del barrio neoyorquino de Queens seguía esperando junto a más de mil personas para poder ser una de las primeras en entrar al homenaje organizado por el reverendo Al Sharpton, amigo de la familia Jackson.

A todas luces se trataba de un homenaje improvisado y con poco caché: no había famosos y la única actuación prevista era la de un artista conocido sólo entre los muros del Apollo. El programa anunciaba vídeos y animadores. Y solo podían entrar 600 personas cada hora durante siete horas.

Pero importaba poco: Jackson era un icono de la cultura popular y ayer el Apollo fue precisamente el punto de encuentro -gratuito- de cientos de ellos, mayoritariamente afroamericanos, dispuestos a seguir manteniéndole vivo en el recuerdo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de julio de 2009