Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

El debate de la deslocalización

Esta semana se ha hablado en el Parlamento gallego sobre deslocalizaciones productivas. Es un asunto complejo, con implicaciones empresariales y sociales y sobre el que merece la pena reflexionar. En un reciente libro escrito a medias con Albino Prada (Galicia, unha economía europea, editorial Galaxia) dedicamos mucho espacio a ello. En lo que sigue sintetizo los argumentos principales.

En primer lugar, de qué estamos hablando. Con carácter general, la deslocalización se define como el traslado de actividades dentro del territorio nacional hacia el de otro país. Existen diferentes tipos de deslocalización. Una posible clasificación es la que distingue entre deslocalización de sectores (el naval de grandes buques), deslocalización por ampliación de actividad (la industria auxiliar del automóvil), y deslocalización de fases del proceso productivo (la confección o la conserva). En consonancia con esta diversidad, podemos encontrarnos con deslocalizaciones buenas y malas, necesarias e innecesarias.

¿Podría haber llegado Bluesens a facturar 100 millones si no produjese en otros países?

La desaparición completa de un sector es claramente negativa. Pero la cosa puede cambiar si esa deslocalización permite entrar en nuevos mercados o mejora la competitividad y garantiza la supervivencia de las empresas, al externalizar algunas fases productivas. Es verdad que toda deslocalización conlleva puestos de trabajo que son destruidos o no creados en Galicia. Pero hay que contabilizar también los nuevos empleos que se generan en Galicia para poder gestionar esa expansión, o para desarrollar las fases en expansión cuantitativa de mayor valor añadido y mayores salarios. ¿Sería Inditex lo que hoy es para la economía gallega si en algún momento de su historia no hubiese decidido llevar buena parte de la fase de confección fuera de Galicia? ¿Podría haber llegado Blu:sens a alcanzar los 100 millones de facturación en menos de 10 años desde su creación si no produjese en otros países?

En definitiva, la discusión sobre deslocalizaciones hay que afrontarla sin prejuicios y analizando caso por caso. Enfoque técnico que es y debe ser compatible con la exigencia de diálogo y responsabilidad social a las empresas e implicación a la administración, para afrontar los costes sociales de los procesos de deslocalización y el reciclaje formativo de las personas que pierden su puesto de trabajo.

Es evidente que el futuro de la economía gallega no puede pasar por cocer pescado o coser pantalones. Pero eso exige crear otros puestos de trabajo más cualificados (mejor retribuidos) y preparar a las personas para desempeñarlos. Lo que nos lleva a la necesidad de reforzar la política económica de la Xunta para aprovechar mejor las potencialidades de la economía gallega. En los últimos años se han producido avances importantes, pero insuficientes. Hay que partir de los acuerdos, planes y políticas que dejó el gobierno bipartito, aprovechar todo lo aprovechable, que no es poco, y mejorar los aspectos más débiles. En particular, la definición de la estrategia de clusters y la apuesta selectiva por los sectores clave de la economía gallega.

Si atendemos al sector textil en concreto, contamos con agentes de referencias, Inditex sobre todo, pero también otras (Adolfo Domínguez, Lonia,...) que parecen defenderse razonablemente bien con una estrategia ganadora en ese mercado global. Y debemos seguir apostando en esa dirección, ubicarnos allá donde se ubican el complejo textil alemán, es decir, nuevos tejidos productos con componente tecnológica; o cuando nos dirigimos al mercado masivo hacerlo con estrategias empresariales del tipo de la de Inditex. A nuestras empresas no les queda otro remedio que externalizar cada vez más las fases del proceso que requieren menos conocimiento y generan menos valor añadido, para concentrarse en aquellas otras, tales como diseño, comercialización o logística, que requieren más calificación y generan valor. Y por supuesto, existen también posibilidades de diversificación hacia mercados afines, aprovechando las economías de alcance en distribución.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de junio de 2009