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Reportaje:

La crisis provoca un regreso al campo

Agricultores de fin de semana, nuevos ganaderos y viejos tractores que vuelven a la vida

En L?Hospitalet hay dos equipos de fútbol cuyos integrantes, todos menores de 40 años, proceden exclusivamente de Chaguazoso, un pequeño pueblo de A Mezquita. Sin embargo, últimamente en el banquillo han empezado a notarse las bajas. Ya sólo en la familia Augusto se han venido de vuelta a la provincia de Ourense los tres hermanos que hace tiempo habían marchado. Fernando, de 38 años, emigró a los 17 y vivía de la venta de productos gallegos en Barcelona. Estaba harto de L?Hospitalet, "una ciudad tomada por los inmigrantes, donde ya no se puede salir a la calle de noche". Hace un año decidió volver a la vida que conoció de niño y compró trece vacas de carne, limusín y parda alpina. Ha pedido una ayuda de ésas de la Xunta para la incorporación de menores de 40 al rural, y mientras espera que le llegue la subvención han nacido 11 terneros.

En su municipio son ya unos cuantos jóvenes los que han regresado en los últimos tiempos para dedicarse profesionalmente a la agricultura o a la ganadería. La supervivencia, en las ciudades, ha dejado de ser fácil. "Ya no se atan los perros con longanizas", comenta José Ramón González, secretario de Agricultura de Unións Agrarias. Pero al margen de los que han decidido dar un vuelco a su vida, están los que habían marchado cerca, a Vigo o a Ourense, y han dejado de practicar el turismo a causa de la crisis. Ahora, su único plan de fin de semana es regresar al pueblo y volver a cultivar la tierra para aliviar la maltrecha economía doméstica.

José Manuel Mato, alcalde de Paradela (Lugo), asegura que este fenómeno es más que visible en su municipio. "Veo caras que hacía tiempo que no veía", dice, "son vecinos que viven en Vigo, Lugo, Pontevedra... Parados y no parados. Y vuelven a comprar mineral, plantas y semillas, a recuperar los aperos viejos y a meter gallinas en el corral. Luego, cuando no están, les echa de comer algún otro vecino que sí está".

"Vuelve a haber gallinas, y conejos, y hasta dos o tres cerdos por casa", asegura Raúl Bacelar, vecino de Cartelle, en la comarca de O Ribeiro. "Muchas huertas que estaban abandonadas, este año vuelven a estar limpias, aradas y plantadas" de "judías y verdura". "El tema se nota, sobre todo, en el paisaje", dice. "Tanto, que hasta vuelve a haber ovejas: en mi parroquia no había ninguna y ahora habrá 600 o 700. Son muy cómodas porque no hay que ordeñarlas ni nada".

Miguel Ángel Rodríguez, propietario de Talleres Mecánicos Ramiro, en Paradela, cuenta que está reparando bastantes tractores "ya antiguos, que estaban en desuso. De gente que había dejado el campo y los tenía ya casi para el desguace". Ahora "me los traen y me piden que los ponga a funcionar" para "echar unas patatas o una huerta" y nada más.

"La gente, con el paro, viene ahora a la aldea" y "busca como sea un tractor para trabajar la tierra", afirma en la misma línea Xaime Fernández Guerra, dueño de la empresa de maquinaria Guerra Golada. "Antes se conseguía un tractor bueno de segunda mano por 3.000 euros, pero ahora ésos desaparecieron y uno decente no baja de 12.000. Andan muy buscados y, cuando no hay en casa uno viejo de los padres hay que echar mano de uno ilegal". "La gente está necesitada, y lo que tienen que hacer las autoridades es hacer la vista gorda y calar a boquiña", defiende el mecánico de Agolada.

Comercio ilegal

Hay talleres en Galicia que están reparando esta maquinaria sin papeles. Cuando sus vecinos les llegan con el viejo chimpín prefieren no preguntar, y los aceptan en el taller pese al riesgo de que "venga una inspección". Porque no se pueden reparar tractores que están dados de baja y no pagan el seguro obligatorio. "Yo los arreglo porque la gente los necesita y los legales, por ejemplo un Pascualis viejo pero en buen uso, pueden llegar a los 15.000 euros", confiesa un mecánico de la provincia de A Coruña. "Pero les aviso bien a todos de que no pueden andar por ahí, porque si los pillan con el tractorcito sin seguro y sin pasar la ITV por la calle, se les cae el pelo". Los clientes de este profesional "no quieren facturas de la reparación ni que conste en ningún sitio que existe ese tractor".

José Ramón Louzao, responsable del concesionario de maquinaria agrícola Auto Avión, en Santiago, habla de "comercio ilegal" de pequeños tractores que vienen de Japón. Se trata, en muchos casos, de vehículos de la marca nipona Kubota que en su país de origen "son vendidos como chatarra". Después se transportan a Portugal y "allí los reparan y los venden en Galicia". En un año, según Louzao, "pueden pasar la frontera 800 o 1.000 de éstos" y el Gobierno central no investiga porque "aunque los tractores entran sin documentación" el comprador, en España, "paga el IVA" y "esto a la Administración parece que le basta".

Louzao está de acuerdo en que "los gallegos estamos predispuestos a la vuelta", y "sobre todo en el caso de los mayores de 50, que son los que sufren el peor paro", pero teme que este despertar del agro sea "efímero": "Producto de una moda, un bum". Un esnobismo que quizás "nada tiene que ver con la crisis".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de abril de 2009