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El órgano Hammond rugió en el Café Central

Ben Sidran publica 'Cien noches', grabado en Madrid

El exuberante Cien noches (Nardis/Indigo) no es el primer disco que Ben Sidran graba en España: en 1999 editó The concert for García Lorca, donde utilizaba el piano del poeta granadino. Pero Cien noches es su primer trabajo donde toca exclusivamente el órgano Hammond B3, ese "enorme mueble con tripas de animal y pedigrí de iglesia negra". Y la fiera ruge con elocuencia, carnosa y segura.

Ben explica que el título hace referencia a los conciertos que lleva dados en el Café Central, "uno de los grandes clubes del mundo". "Como el Village Vanguard neoyorquino, las paredes te cuentan historias asombrosas. Al entrar, notas todas las horas de música grande que ha habido allí y te sientes conectado con ella. Ésa es la clave del jazz: la conexión con la tradición".

"Cualquiera puede hallar en iTunes mi música. ¿No es para celebrarlo?"

Conviene señalar que Sidran (Chicago, 1943) tiene maneras de entretenedor: canta con la voz lacónica (y el humor) de un Mose Allison e incluso reivindica la vocación bailable original del jazz. Pero también es un intelectual y un erudito que materializa su pasión por la música en programas de radio y televisión, aparte de varios libros. El más difundido es Talking jazz, resumen de entrevistas con 43 creadores: "En términos de lenguaje, el jazzman más elocuente del planeta es Benny Golson. Art Blakey era un maravilloso narrador. Y el día que pasé con Miles Davis en su casa de Malibú fue el más divertido: preparaba la comida y me contaba historias sobre Kind of blue".

Cien noches también incluye dos saltarinas versiones de Bob Dylan, adelanto del próximo proyecto de Sidran: "Deseo grabar un disco entero de repertorio dylaniano. Lo haré en Francia, con músicos locales; no quiero que suene como otros trabajos míos. Pretendo que tenga un sonido fantasmal, que refleje aquellos años en que, más que componer canciones, parecía estar canalizando la música desde un lugar misterioso".

Sidran surgió a la luz pública a finales de los sesenta, como teclista de Steve Miller, rockero con base en San Francisco. Sin embargo, no fueron hippies. "Teníamos una edad que nos alejaba de la tentación hippy. Steve era un bluesman cuando nos conocimos, y yo era un muchacho practicante del be-bop; nuestro territorio común consistía en Louis Jordan, Jimmy Reed o T Bone Walker. Steve vivió más de cerca el Verano del Amor, pero yo estaba en Inglaterra, estudiando y tocando con los Stones o Clapton. Ambos sabíamos que el hippismo era un fenómeno trivial, mientras que lo nuestro tenía cierto peso cultural. El propio termino, hippie, es un diminutivo de hip, actitud que sí me interesa: tiene raíces, procede de los años cuarenta".

Disfruta hablando de la historia de la música, pero Sidran también es un astuto superviviente, consciente de que, a fin de cuentas, debe bregar con la incómoda industria de la música. Desde los primeros ochenta, cuando todavía trataba con compañías fuertes, conserva la propiedad de sus masters. "Ahora creo que la industria discográfica de EE UU mantiene un modelo de negocio desfasado. Gastaban demasiado dinero de forma errónea. Su contabilidad hacía virtualmente imposible que los músicos cobraran. De forma ilegal, desviaban fondos para que se pincharan sus discos. Finalmente, cuando llegó Internet, no vieron que era un nuevo tipo de radio, libre de pagos, e intentaron controlar el acceso a la música. Yo no soy catastrofista: ahora hay nuevas oportunidades: cualquiera puede ir a iTunes y encontrar toda mi música. ¿No es para celebrarlo?".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de abril de 2009