Primera intervención de una caja

La fuerte expansión de sucursales y la apuesta por el ladrillo hunden CCM

La entidad participa en 60 grupos industriales, algunos del sector inmobiliario

A comienzos de los noventa, Mario Conde, ex presidente de Banesto, decidió crecer y crecer en créditos y en oficinas. A la vez, fue incrementando el tamaño del grupo industrial, la famosa corporación Banesto. Se equivocó. España estaba en la parte alta del ciclo inmobiliario y del económico. Las oficinas del Banesto de entonces sólo se preocupaban de conceder préstamos y, poco a poco, se fue formando una bola de morosidad e impagados que acabó con el banco cuando llegó la invasión de Kuwait y la crisis del ladrillo.

Juan Pedro Hernández Moltó, presidente de Caja Castilla La Mancha (CCM), ha repetido la jugada en el siguiente ciclo de la economía, con un resultado similar. El hecho de que Hernández Moltó sea un político y no un financiero, ha sido, sin duda, un factor que no ha ayudado al éxito de esta entidad de sólo 17 años de vida.

Los grandes beneficios del ladrillo son ahora fuertes pérdidas
En 2008 los números rojos por deterioro de activos suman 140 millones
Con más realismo contable, la entidad podría perder más de 400 millones
CCM tiene que elevar el nivel de capital para seguir funcionando
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La caja número 11 por volumen de créditos ha vuelto a crear el triángulo diabólico de expansión, ladrillo y grupo industrial. En muchos casos, las tres patas forman parte del mismo objetivo. La caja es accionista de una promotora, que recibe financiación para construir unos bloques, donde se instala una oficina, que financia a los clientes que quieren comprar los pisos. Todos los huevos en la misma cesta. Con casi 12 años de ciclo alcista, la estrategia fue un círculo virtuoso y dorado. Sin embargo, en poco tiempo se da la vuelta y no hay manos para tapar tantos agujeros.

Desde 2004, el Banco de España advirtió al sector del riesgo del monocultivo del ladrillo, pero las enormes plusvalías hicieron olvidar los riesgos latentes. Además, la creación de las provisiones anticíclicas anestesiaron a los más prudentes. El resultado es que el sector agrupa más del 60% de sus créditos entre construcción, promoción y créditos hipotecarios.

En el caso de CCM, según las cuentas que entregó a la patronal de cajas, los números rojos por deterioro de activos financieros ascendieron a 140 millones, casi un 20% más que en 2007, gracias a Colonial, Metrovacesa o Astroc, entre otras. También prestó dinero a Martinsa-Fadesa, Tremón y Dico. Además, la caja presidida por Hernández Moltó ha incluido unas pérdidas por deterioro de activos de 29 millones.

En 2000, CCM creó una corporación que participa en más de 60 proyectos empresariales de sectores como minería, energía, infraestructuras, inmobiliario, manufacturero, alimentación, servicios, tecnología o seguros. CCM posee el 25,1% del aeropuerto de Ciudad Real, inaugurado hace sólo cuatro meses y con escaso atractivo para las aerolíneas, que prefieren volar a Madrid.

Desde principios de 2008, las disputas políticas del PP y el PSOE, acrecentadas por el carácter político del presidente de la caja, así como la difusión de su delicada situación financiera provocó una fuga de depósitos.

Cuando los clientes se llevan su dinero, la caja tiene que buscar liquidez en otras fuentes porque la mayor parte de los recursos están prestados a otros clientes. El problema es que en los últimos meses nadie quería prestar a la entidad con sede en Toledo, por lo que, según diversas fuentes del mercado, el Banco de España ya había enchufado la manguera para salir de este apuro.

Sin embargo, la situación no se podía prolongar mucho más porque la fuga de depósitos no cesaba. La entidad intentó frenar la sangría con altas remuneraciones por el pasivo (más del 4,5% en cuentas a plazo), una estrategia que perjudica a los demás competidores, pero que no tuvo éxito. Toda la esperanza estaba volcada en la fusión con Unicaja, operación que se rompió a última hora del viernes pasado. Sin Unicaja como salvadora, el Banco de España estaba obligado a pedir ayuda oficial al Tesoro para inyectar más liquidez. De lo contrario, hubiera estrangulado a CCM.

El otro problema de la caja es el incumplimiento del capital mínimo que exige el regulador a la entidad. Es decir, el dinero que deben tener para realizar préstamos. El mínimo es el 8% sobre el total de los riesgos asumidos. Caja Castilla La Mancha estaba por debajo de esta cifra. La normativa permite situarse bajo esta línea roja sólo durante un tiempo. Transcurrido éste, la entidad o repone el dinero o se interviene. Si el Banco de España le hubiera dejado así más tiempo, podría meterse en problemas.

¿Cómo va a conseguir el capital que le falta? Lo más probable es que los tres administradores nombrados por el Banco de España no admitan las cuentas públicas de la caja. Según éstas, CCM había ganado 29,86 millones en 2008, un 87% menos. El organismo dirigido por Miguel Ángel Fernández Ordóñez cree que sería mejor una política más realista, que situaría a CCM con unas pérdidas superiores a los 400 millones. El problema es que a medida que crezca la morosidad, se necesitará más capital para cubrir pérdidas.

Sobre la firma

Íñigo de Barrón

Es corresponsal financiero de EL PAÍS y lleva casi dos décadas cubriendo la evolución del sistema bancario y las crisis que lo han transformado. Es autor de El hundimiento de la banca y en su cuenta de Twitter afirma que "saber de economía hace más fuertes a los ciudadanos". Antes trabajó en Expansión, Actualidad Económica, Europa Press y Deia.

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