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El tribunal cita al ex jefe del Ejército para zanjar la discrepancia entre dos generales

"Cuando Navarro entró en el despacho, le pregunté: '¿Usted reconoció a mi hijo?'. 'Sí', me dijo. '¿Y tenía cicatrices en el cuerpo?'. 'No se preocupe. Su hijo estaba limpio. No tenía ninguna cicatriz', contestó. Cuando oí eso, cogí del brazo a mi marido: 'Vámonos de aquí, porque nos está mintiendo".

El hijo de Amparo Gil, el sargento Francisco Carmona, tenía una gran cicatriz en el hombro porque había sido operado de la clavícula. Navarro aseguró a sus padres, incluso por escrito, que fue uno de los primeros identificados, pues se encontraba en muy buen estado. El acta de la fiscalía turca demostró que el cadáver estaba carbonizado. Amparo Gil no pudo recuperarlo nunca. Defensa lo entregó, bajo identidad falsa, a otra familia. Y ésta lo incineró, en contra de su voluntad y la de sus padres.

Ayer fue el día de las víctimas. Padres, viudas, hermanos... relataron con voz entrecortada y lágrimas contenidas el calvario que les tocó sufrir. Y las mentiras con las que el Ministerio de Defensa intentó acallar sus dudas hasta que las pruebas de ADN las dejaron al desnudo.

"Me dijeron que estaba manipulado por la prensa y que las identificaciones erróneas eran una patraña de cara a las elecciones", explicó Toni Alarcón.

Antes que ellos, el ex jefe de la cúpula militar Félix Sanz explicó la conversación que, el 28 de junio de 2004, mantuvo con el teniente general Luis Alejandre, que acababa de ser relevado como jefe del Ejército de Tierra. "Me dijo que en una reunión celebrada cerca del despacho del ministro [Trillo] había recibido la noticia de que no todos [los cadáveres] estaban identificados y él propuso entregar a los identificados y los que no [lo estaban] que se trasladasen a un centro para proseguir con las labores" de identificación. Esta información se plasmó en una nota que el miércoles reprodujo EL PAÍS.

El teniente general Manuel Bretón, que era jefe del Gabinete Técnico de Trillo, declaró a continuación. Precisó que se trataba de una reunión del Consejo de Dirección, en la que participó la cúpula civil y militar del Ministerio, y que se celebró el 27 de mayo por la tarde, al regreso del ministro de Turquía.

"No recuerdo absolutamente nada de eso. Yo no le oí decir eso", aseguró Bretón, preguntado por el comentario de Alejandre, que confirmaría que Trillo y su equipo conocían los problemas con las identificaciones.

En esa reunión, según Bretón, "quedó fijada la fecha" para el funeral de Estado que se celebró al día siguiente por la tarde en la base de Torrejón (Madrid), pero no la hora. Lo que quedó claro, añadió, "es que había que hacerlo cuanto antes, [pero] cuando llegaran los cuerpos".

Aunque inicialmente lo rechazó, el tribunal decidió ayer citar como testigo a Alejandre, para zanjar la discrepancia entre los dos generales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de marzo de 2009