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Crítica:

Pesadilla de la hipervisibilidad

Hace una semana, el Watchmen de Zack Snyder ilustraba los riesgos de toda adaptación literal cuando, entre un medio y otro, se abre el limbo de lo intraducible. En cuestiones literarias, frente a un Dan Brown que podría encarnar el paradigma de lo perfectamente traducible a términos cinematográficos, la literatura de José Saramago bien podría encarnar el polo opuesto. Fernando Meirelles, en el empeño aparentemente suicida de llevar a la pantalla el Ensayo sobre la ceguera del autor portugués, ha esquivado la imprudencia de encontrar un equivalente visual al característico fraseo de Saramago y a la condición metaliteraria de sus estrategias narrativas. También ha evitado a los espectadores el tedio de una adaptación académica que sólo hiciese justicia a la trama: A ciegas elige el camino arduo de mantener una fidelidad a la historia, mientras intenta encontrar una expresión cinematográfica para esa ceguera blanca -el patológico estado de ceguera de una sociedad donde la hipervisibilidad extirpa el valor a la capacidad (y la responsabilidad) de mirar- que el escritor convierte en centro de una ficción que tiene más de alegoría transparente que de fantasía distópica.

A CIEGAS

Dirección: Fernando Meirelles.

Intérpretes: Julianne Moore, Mark Ruffalo, Gael García Bernal, Danny Glover.

Brasil-Canadá-Japón, 2008.

Género: ciencia-ficción.

Duración: 121 minutos.

Meirelles, que en su anterior El jardinero fiel (2005) llevó la obra de Le Carré a un territorio limítrofe con Antonioni (en modulación algo videoclipera), se entrega en un nuevo ejercicio de estilo en el que cada fotograma parece asumir la responsabilidad de aguantar como cubierta de lo que los anglosajones denominan un coffee-table book. El resultado puede resultar excesivo, puede gustar o no, pero es cine puro y no traiciona sus fuentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de marzo de 2009