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La marcha de un ministro polémico

El presidente congeló durante cuatro días el cese del titular de Justicia

Bermejo telefoneó el jueves al jefe del Ejecutivo para ofrecerle su renuncia

El ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, presentó su dimisión al presidente del Gobierno el jueves, a través de una llamada telefónica, y el viernes en persona, en el Consejo de Ministros. Ese día, los medios informaron de la irregularidad administrativa que había cometido al cazar sin licencia en Andalucía. Además, el PP ya había manifestado su intención de utilizarle como munición de campaña en Galicia y Euskadi y como cortina de humo para tapar sus escándalos en Madrid y en la Comunidad Valenciana. Bermejo se había percatado de esto último el miércoles, en la sesión de control al Gobierno, en la que, además, Zapatero había marcado distancias con él.

Zapatero no aceptó su dimisión. Le dijo que le llamaría tras el fin de semana. La excusa del presidente era su apretada agenda. El viernes debía viajar a San Sebastián para participar en la campaña vasca; el sábado iba a Galicia y el domingo viajaba a Berlín para reunirse con los líderes de los siete países europeos invitados al G-20. Pero, sobre todo, necesitaba el fin de semana para estudiar la dimisión del ministro y su sustitución.

El presidente tuvo claro enseguida que el sucesor debía ser el actual secretario de Estado de Asuntos Constitucionales, Francisco Caamaño, con quien mantiene una complicidad desde la negociación del Estatuto de Cataluña.

Ayer, Zapatero citó a Bermejo en La Moncloa a las once de la mañana. El ministro le explicó sus razones para renunciar. Zapatero aceptó la dimisión, pero no por su cacería con Baltasar Garzón, esgrimida por el PP como una muestra de falta de independencia del poder judicial. Ni por haber cazado en Andalucía sin licencia. Lo que decidió al presidente a aceptar la renuncia fue el argumento de Bermejo de que se había quemado como interlocutor con jueces, funcionarios y el PP para desarrollar la reforma de la Justicia.

En la decisión del presidente también pesó el criterio del PSOE. El número dos del partido, José Blanco, y el portavoz en el Congreso, José Antonio Alonso, le dijeron que la torpeza política de Bermejo la usaba contra el Gobierno un PP acosado. Ayer, antes de recibir al ministro, Zapatero consultó con Blanco y el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. También influyó en su ánimo la opinión de la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, que el viernes fue acosada por los periodistas con preguntas sobre el cese de Bermejo. La vicepresidenta concluyó que Bermejo se había convertido en un lastre insalvable para el Gobierno. Sólo después de haber aceptado la dimisión de Bermejo, Zapatero telefoneó a Caamaño.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de febrero de 2009