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Análisis:

Novelas negras, novelas rojas

Durante años, la vieja colección de bolsillo de Bruguera de novela policiaca era una garantía y en sus páginas se formaron generaciones de lectores que descubrieron que el género negro es mucho más que Pulp Fiction (aunque vaya en ese formato), es literatura, sin ningún otro adjetivo. Ahora, Ediciones B ha recuperado el espíritu de aquella colección, con algunos títulos clásicos (porque James Ellroy ya es un clásico con obras como Mis rincones oscuros o L. A. Confidential), pero sobre todo se ha lanzado con autores como Juan Madrid (con sus tres novelas de Toni Romano, Las apariencias no engañan, Un beso de amigo y Regalo de la casa), Sara Paretsky (creadora de la detective Victoria Warshawski y una maestra a la hora de describir escenarios posindustriales deprimidos de Estados Unidos).

Michael Connelly es otro de los autores que aparecen en esta colección, con una de las novelas de Harry Bosch (El vuelo del ángel), un escritor y un policía que Roca Editorial también ha recuperado en su sello de bolsillo (Más oscuro que la noche y Echo Park). Se trata de tres novelas inmensas que demuestran hasta qué punto la literatura negra cruza fronteras genéricas para convertirse en un fresco crítico de las ciudades y los países donde transcurre. Roca Bolsillo también acaba de sacar Muerte en Hamburgo, de Craig Russell, otra vuelta de tuerca a la nueva literatura policiaca europea, uno de cuyos indiscutibles protagonistas ha sido el sueco Henning Mankell con su comisario Wallander. Mankell siempre ha dicho que hace más novela roja que novela negra, por el compromiso social que encierran sus novelas. La falsa pista, con la que Tusquets acaba de inaugurar una nueva serie dedicada al comisario de Malmo, es tal vez uno de los retratos más devastadores de la Europa del falso bienestar que ha producido la literatura en los últimos años.

Nunca ha resultado sencillo embutir a una autora como Patricia Highsmith dentro del género policiaco: es cierto que en sus novelas casi siempre hay un crimen y en muchas hay personajes que huyen de una investigación; pero libros como Ese dulce mal (rescatado ahora por Quinteto) rompen cualquier barrera genérica. Tampoco resulta sencillo decir que Elmore Leonard, uno de los maestros indiscutibles de la narrativa estadounidense contemporánea, escribe novelas policiacas (algunas llevadas a la pantalla por directores como Quentin Tarantino). Basta con leer Mr. Paradise (Alianza Editorial) para comprobarlo. En una cierta medida, también ocurre lo mismo con Fred Vargas. Es cierto que sus libros están protagonizados por un comisario, el extraño Adamsberg, pero hay veces que el lector presiente que la trama no es más que un pretexto, un pretexto maravilloso sin duda, para describir personajes, paisajes e historias extrañas donde las haya. Pero libros como La tercera virgen (Punto de Lectura / Siruela) crean una conexión con el lector desde las primeras páginas, algo que ocurre también con la novela Corpus Delichi (Verticales de Bolsillo), de Andreu Martín. A través de la extraña historia de John George Haigh, ahorcado en 1949 por varios crímenes que cometió movido, decía, por la necesidad de "beber sangre humana", Martín construye, utilizando la primera persona, un viaje al mal, pero también a la angustia.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de febrero de 2009