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Entrevista:CLAUDIA LLOSA | Directora | 59ª edición de la Berlinale

"El pasado no debe olvidarse, pero tampoco puede frenarnos"

Los ojos de Claudia Llosa (Lima, 1976) chisporrotean. De felicidad, porque va a concursar a Berlín con su segundo filme, La teta asustada -la entrevista tuvo lugar hace una semana-, y con ello reafirma en otro festival una carrera que arrancó con Madeinusa (2006) y su paso por Sundance. Y ha vuelto a recurrir a Magaly Solier como protagonista: mirada profunda, dolida e interpretación naturalista. Porque sólo una mujer como ella podía dar ese poso dramático.

Con el título, Llosa se refiere a un síndrome, el de la teta asustada, que se transmite por la leche materna de las mujeres que han sido violadas o maltratadas, en este caso, en el violento Perú de los años del grupo terrorista Sendero Luminoso. Fausta, la protagonista, vive esclavizada por el miedo, un terror que la lleva a introducirse en la vagina una patata que impida que un hombre la viole, es un escudo que crece en su interior. "Sinceramente, creo que es esperanzadora, que al final una luz ilumina el túnel, pero mucha gente me habla de ese tremendo dramatismo...". Y Llosa se echa a reír a carcajadas, intentado alejar esos fantasmas.

"Hay un grito de desesperación del Perú quechua, en vías de extinción"

"La Lima rica se esconde de lo que le rodea, detrás de sus portones"

"Creía que mi filme es esperanzador, pero la gente habla de su dramatismo"

"El cine permite que el espectador comparta una vivencia como ésta, que oscureció mi país tanto tiempo, y del que ni siquiera he mostrado toda su dimensión real. Y tiene que contarse sin miedo a enseñar la herida, no debemos esconder o enterrar rápidamente el trauma. El pasado no debe olvidarse -porque es lo que somos, nuestras raíces, nuestra verdad-, pero tampoco nos puede frenar la vida", comenta Llosa. Y por eso sumerge a su Fausta -huérfana al inicio del filme- en una familia repleta y rodeada de bodas, de celebraciones de nuevas promesas de amor en constante choque con el ánimo de la protagonista. "Ella vive en perpetuo luto, prorrogado por la muerte de su madre. También es un grito de desesperación ante la extinción del Perú quechua, que lucha por no perecer". A pasos agigantados, dice la cineasta, la parte moderna devora todo lo anterior y sólo se relaciona con los mitos de una manera inconsciente. "Lo vemos, por ejemplo, a través de la música que de fondo alegra las bodas". La música, parte fundamental de La teta asustada -que se estrena hoy en toda España- con unas canciones creadas entre Llosa, la protagonista y la compositora, Selma Mutal. "Como dice Aristóteles, la música no admite malentendidos. Baja directa al corazón".

Y está también la patata, a la que Fausta va cortándole las raíces que asoman por su vagina. "Es un tumor que de alguna manera encuentra la manera de salir. Es como el pasado, doloroso de ver y recordar, al fin y al cabo eso es La teta asustada. Llegué a incluir lo de la patata en el guión después de leer varios libros sobre el síndrome de la teta asustada, que es real. Paralelamente, me contaron la historia de una mujer y corroboré con ginecólogos que eso podía ocurrir". Y ahonda en la relación. "Papa es una semilla, y en quechua semilla y momia es la misma palabra. Ambas generan el cambio, la transformación. Además, papa, en jerga peruana, son las partes íntimas de una mujer. Todo tenía su enlace".

Llosa vive en Barcelona y su apellido la enlaza con el escritor Mario Vargas Llosa, primo segundo de su padre. Al igual que su famoso pariente, la cineasta ha acabado quemada con la política peruana. "El Perú rico se esconde ante lo que le rodea de forma gráfica, con hipocresía cierran los portones de sus casas".

Ese abismo que crece en Suramérica entre pobres y ricos, con muros que cierran y protegen los barrios de la clase alta, se ha convertido en un personaje reiterativo en el último cine de ese continente, como en La zona, de Rodrigo Plá, o Una semana solos, de Celina Murga. "Lima aparece en grandes tomas, distanciada, y a la vez creo que enseño el intercambio comercial entre ambos perúes, el pobre y el rico, en el que ninguno se llama a engaño. Y si te fijas, eso está empezando a pasar en Europa. Cerramos el periódico después de leer noticias del Congo o de Gaza, y se acabó el problema".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de febrero de 2009