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Benedicto y los judíos

El Papa rehabilita a un obispo negacionista para reconducir el cisma de Lefebvre

Benedicto XVI adoptó el pasado sábado una decisión que revela el signo que quiere imprimir a su papado y que puede acarrear graves consecuencias para la Iglesia. Deseoso de reconducir el cisma con los católicos ultratradicionalistas, levantó la excomunión que pesaba sobre cuatro obispos consagrados por Marcel Lefebvre en 1988. La voluntad de atraerse a este sector extremista de la Iglesia, opuesto a cualquier renovación litúrgica o entendimiento ecuménico con otros credos, ha pesado más en el ánimo del Papa que el consejo de los cardenales de todo el mundo, reunidos en Roma en 2006 para debatir, precisamente, sobre la reconciliación con los lefebvrianos.

Según le plantearon a Benedicto XVI en aquella ocasión, esa reconciliación sólo podría producirse si los cismáticos manifestaban su adhesión al Concilio Vaticano II, algo que no ha tenido lugar hasta el día de hoy. Lo que los lefebvrianos exigían, por su parte, era la retirada de las excomuniones como condición previa para cualquier acercamiento. Y el Papa ha transigido, mostrando cuando menos un signo de debilidad -o tal vez, de implícito acuerdo- que los ultratradicionalistas no dejarán de aprovechar en el futuro.

Es difícil no interpretar la decisión de readmitir a los obispos consagrados por Lefebvre como una aproximación, siquiera táctica, de Benedicto XVI hacia la extrema derecha católica, de manera que el cisma que ha intentado cerrar por un lado acabará provocando un profundo malestar en el opuesto. Y ello sin contar con las consecuencias fuera del ámbito de la Iglesia; en concreto, sobre la comunidad judía de todo el mundo. No se trata sólo de que los lefebvrianos se opongan al entendimiento con el judaísmo, sino también de que uno de los cuatro obispos rehabilitados por el Papa, Richard Williamson, defiende tesis negacionistas del Holocausto. Benedicto XVI, que ya había recuperado en 2007 una oración preconciliar de Viernes Santo en la que se invoca a Dios para que "ilumine y convierta a los hebreos", parece haber perdido una vez más de vista que sus responsabilidades actuales no son las de un teólogo.

El Papa ha enviado una preocupante señal acerca de la actitud de la jerarquía católica, y es que lo que exige a los demás no rige para ella. No existe mayor relativismo moral que, con el solo propósito de cerrar el cisma, transigir con la extrema derecha y la negación del Holocausto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 26 de enero de 2009.

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