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Tribuna:

La conmemoración del Holocausto y Gaza

A pocos días de empezar en toda la geografía española los actos institucionales y de las asociaciones vinculadas al recuerdo para conmemorar a las víctimas del Holocausto, entre ellas los republicanos deportados, muchos de los actores vivimos en un estado de consternación frente a la dramática situación que se vive en la franja de Gaza desde que comenzaron los ataques el 27 de diciembre.

La argumentación en torno a la no vinculación entre el pasado ignominioso del periodo nazi y la actual situación es obvia, por razones históricas, sin embargo para los que creemos con firmeza que el ayer es fuente de lecciones para el presente, la reflexión es imperativa, aún más, si cabe, por afirmaciones vertidas y símbolos manipulados en estos días que rayan uno de los peligros que siempre hemos combatido, la banalización del Holocausto. Equiparar a los gobernantes de Israel con los nazis del siglo XXI o comparar Gaza con los campos de concentración hitlerianos muestra a menudo cómo las reacciones ante la violencia desatada contra víctimas inocentes se mueven entre parámetros más condicionados por la pasión que por la reflexión y el análisis; también otras opiniones vinculan las posturas críticas con la agresión en Gaza a expresiones de antisemitismo. Nuestra asociación se suma a las voces de quienes condenan la actual política del Gobierno israelí, y lo hacemos con el convencimiento de que no caben confusiones en tal sentido, pues nunca hemos escatimado esfuerzos en explicar y en difundir la memoria de las víctimas del nazismo, otorgando la especifidad que corresponde al Holocausto, y en combatir lugares comunes de antisemitismo, heredados del régimen franquista. Nuestra crítica corre a la par de voces del mundo judío y la ejercemos también porque conocemos su diversidad cultural, sus diferentes percepciones políticas y también su admirable fortaleza moral a lo largo de su martirizada historia.

El Día del Holocausto servirá para recordar a sus víctimas, pero conscientes de que la memoria no tan sólo existe en los libros

Hechas estas precisiones sobre la conveniencia de otorgar a cada hecho, fenómeno y proceso su particularidad temporal, política e ideológica, la conmemoración del Día del Holocausto debería adquirir también su particularidad. En la celebración anterior, fuimos muchos los que aprovechamos escenarios y foros para denunciar la despenalización del delito de negación del Holocausto y este año insistimos en ello, ya que el negacionismo es fuente de posiciones de violencia, odio racial y antisemitismo. Además, justo recién celebrado el 60º aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, los hechos recientes obligan a ahondar en su significado y en la memoria de las víctimas, proyectada en nuestro mundo presente a partir de su juramento de "¡nunca más!".

No podemos reaccionar con indiferencia ante el dolor y las vulneraciones del derecho internacional, cometidas con el argumento de la legítima defensa, avalada con retórica belicista por parte de los militares israelíes, sin que ello signifique obviar y condenar la provocación de Hamás con sus lanzamientos de cohetes. Nos duele tener que distanciarnos de la equidistancia que aducen determinados sectores, por la diferencia de los medios militares, por la distancia entre los apoyos internacionales, por la responsabilidad compartida entre Hamás e Israel en la ruptura de la tregua, y en definitiva por la disparidad en el número de víctimas civiles. La situación actual no puede entenderse sin contemplar la geopolítica de la zona, otrora dominada por la guerra fría y ahora por las amenazas del terrorismo, elementos con los que muchos pretenden justificar las guerras; pero si no se detiene la agresión, las heridas abiertas serán cada vez más difíciles de cicatrizar y se estrecharán los cauces que puedan desembocar en la paz, y el uso de esa fuerza otorgará más popularidad y seguimiento a los sectores radicales del dividido y débil espectro político palestino. Hoy por hoy, a pesar de las amenazas que pesan sobre los israelíes, los estragos de la guerra recaen sobre todo en la población palestina, privada del bienestar al que tienen derecho todos los seres humanos. Los derechos humanos, las leyes internacionales de guerra, traspasan fronteras y ciudadanías y es el conjunto de la comunidad internacional la que debería velar por su cumplimiento.

Sin ningún atisbo de equiparación entre lo que tuvo lugar durante los años del nazismo y lo que sucede ahora, conmemoraremos el Día del Holocausto, recordaremos a sus víctimas, pero, conscientes de que la memoria no tan sólo existe en los libros y en las imágenes, también intentaremos buscar y difundir lo que es común a la humanidad, la que se vulneró en el pasado y la que se vulnera ahora, porque creemos firmemente en la igualdad, la libertad y la dignidad de todos los seres humanos. Porque no podemos destruir la humanidad para lamentarlo después.

Rosa Toran es historiadora y presidenta de Amical de Mauthausen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de enero de 2009