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El edificio más emblemático del Berlín 'okupa' se tambalea

La especulación imobiliaria amenaza Tacheles - Con 300.000 visitantes anuales, es uno de los centros culturales claves de la capital alemana

Decir Tacheles es decir un edificio superviviente de las bombas de la II Guerra Mundial y de los graffiti de los ochenta. Berlín, en su esplendor de posmodernidad artística. La okupación como foco cultural sostenible. ¿La Disneylandia del anarquismo? Sea como sea, uno de los centros de agitación creativa de la capital alemana. Parada indispensable en cualquier guía urbana y foco que atrae a 300.000 turistas al año, todo lo que representa la que acaso sea la casa okupa más célebre del mundo está en peligro ahora a causa de algo tan prosaico y capitalista como el vencimiento de un contrato.

Tras casi 20 años de servicios a la comunidad artística del centro de la ciudad, el antiguo centro comercial, artefacto ruinoso, algo maloliente y pintarrajeado podría cerrar este mes. Ubicado en un edificio en ruinas en el barrio de Mitte, en la famosa calle Oranienburger, en la zona este de la ciudad (antiguo barrio judío), Tacheles fue okupado el 13 de febrero de 1990. Aunque, en un principio, el Gobierno alemán pensó en demoler el edificio tras la caída del muro -debido sobre todo al estado en el que se encontraba el inmueble tras la II Guerra Mundial- un colectivo de jóvenes artistas procedentes de todo el mundo se adelantó y okupó el edificio con fines culturales. Poco después, fue declarado monumento histórico.

La asociación de artistas reclama la propiedad del edificio

"La gente está sin protección", afirma el madrileño Txus Parras

Una compañía compró el terreno en 1997 por unos 40 millones de euros. Los ocupantes lograron un acuerdo de uso por 10 años, hasta enero de 2009, con un alquiler de 50 céntimos al año. Caducado éste, la propietaria ha decidido que necesita el terreno para construir un hotel de cinco estrellas. Y ha cursado una petición de desalojo a los ocupantes.

La asociación que representa al centenar de artistas que conviven entre algunas disputas en el edificio, donde también se organizan conciertos y exposiciones, reclama la propiedad del edificio, para el que promueve crear una fundación cultural. De momento, los artistas han lanzado una campaña para salvar Tacheles y, de momento, han recolectado 20.000 firmas.

El presidente es un austriaco, Martin Reiter, hombre delgado y melenudo de unos cincuenta años. En las oficinas del edificio, donde el enero berlinés se hacía sentir en los huesos, explicaba que la deseada Fundación Tacheles, que él presidiría, se financiará mediante alquileres, la editorial de la casa, el 30% de la recaudación de las galerías de arte y los ingresos del café Zapata en los bajos del edificio, pese a que el propietario del negocio, Ludwig Eben, no está de acuerdo.

En yidish, el dialecto que usan los judíos procedentes de Europa central y del Este, Tacheles significa "hablar claro". Eben, en cualquier caso, no es amigo de los eufemismos. Califica a Reiter de "estalinista" y a sus grandes proyectos de "disparatados". Zapata lleva años sin pagar el alquiler que reclama Reiter.

Preguntado sobre si la asociación tiene o no ánimo de lucro, Eben torció el gesto. Uno de sus acompañantes se golpeó el bolsillo e hizo un cálculo de los ingresos anuales: el alquiler de 31 talleres, el bar, el alquiler temporal de salas. Sale una cifra abultada. "Nadie sabe", decía Eben, "adónde va ese dinero".

En la misma mesa se sentaba el madrileño Txus Parras, con la ropa y las manos manchadas de pintura. Traía un café tras otro de la barra del Zapata. Parras habla un alemán excelente y es anarquista. "Los artistas, de los que todos se benefician, están sin ninguna protección". Contaba cómo un colega no puede regresar a Alemania porque le caducó el visado. "Reiter y la asociación no movieron un dedo, pese a que se llevan un buen porcentaje por la venta de cada obra suya".

Quiere el tópico cursi que Berlín sea la "ciudad del arte", y lo cierto es que un sinnúmero de artistas trabaja en la capital alemana, cuyas particularidades atraen, desde principios del siglo pasado, a pintores, escultores, escritores y bohemios que llegan de todo el mundo. El altísimo porcentaje de ellos que no conocerá ningún éxito vive hoy de las ayudas sociales o de trabajos precarios. En Tacheles, las partes enfrentadas dicen querer ampararlos y acabar "de una vez por todas" con el caos del que culpan a las otras partes.

En su frío taller del patio, el artista del metal Arda celebraba ayer con risas la situación. "¿No queríamos espacios de libertad? Pues ya volvemos a ser okupas; los próximos tres años serán los mejores desde hace tiempo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de enero de 2009