Cuestión de fe
Al final de El cant dels ocells -sin duda, la más heterodoxa película navideña que acogerán nuestras carteleras-, tres siluetas blancas se mueven en el centro de la oscuridad del corazón de un bosque. Antes, los personajes -los tres Reyes Magos, o su reformulación en clave telúrico/payesa- mantienen una conversación, quizá improvisada, sobre sueños en la que apunta la posibilidad de una extraña, casual, incontaminada poesía. Son los dos instantes en que este crítico en particular parece intuir (que no ver) al Albert Serra que tantos otros críticos ven: al iluminado silvestre que toca el misterio, que expurga al mito de grandilocuencia para aislar su esencialidad.
Lo que resulta más enigmático no es lo que contiene El cant dels ocells, sino, precisamente, su capacidad de inspirar, como ya lo hizo Honor de cavalleria (2006) -el Serra más puro y sorprendente estaba en otra parte: en la esquiva, anómala y sincera Crespià (2003)-, un sólido discurso crítico que parece florecer y articularse sin que la poética ensimismada de Serra -más pose que identidad autoral- cumpla su parte del trato, que es, precisamente, la de estar a la altura de lo que se escribe sobre ella. El cant dels ocells adopta la apariencia de una recreación, entre lo ritual y lo descreído, del mito fundacional de la Epifanía, en clave estética pasoliniana: sin embargo, no tarda en aflorar la sospecha de la impostura, del elaborado chiste cultural cuyo gag climático es, precisamente, su exégesis crítica.
EL CANT DELS OCELLS
Dirección: Albert Serra.
Intérpretes: Lluís Carbó, Lluís Serrat, Lluís Serrat Batlle, Mark Peranson, Montse Triola.
Género: Religioso. España, 2008.
Duración: 98 minutos.
Babelia
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