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Cambio en la Casa Blanca

Obama promete transparencia en el escándalo de Illinois

El presidente electo publicará la relación de su equipo con el gobernador

El presidente electo de EE UU, Barack Obama, comenzó ayer una conferencia de prensa comentando los datos más recientes sobre la economía. Comentó que el país había alcanzado las cotas más altas de paro en los últimos 26 años y que no podía permitirse dejar caer en la bancarrota a las tres grandes empresas de automóviles norteamericanas. Pero ninguno de los periodistas entró al trapo. La mayor parte de las preguntas trataban de dilucidar qué sabía Obama sobre la trama de corrupción que había tejido el aún gobernador de Illinois, el demócrata Rod Blagojevich, con la que trataba de subastar el escaño vacante que el presidente electo ha dejado en el Senado.

Obama aseguró que ni él ni su equipo hablaron sobre el tema del escaño con el gobernador. Y se comprometió a informar en los próximos días de los posibles contactos que cualquier miembro de equipo electoral haya tenido con la oficina de Blagojevich, que está en libertad bajo fianza tras ser detenido el martes.

"Nunca he hablado del tema del escaño con Blagojevich", asegura el ex senador

Obama está empezando a verse afectado por el caso Blagojevich. Primero aparecieron en varios periódicos artículos que se quejaban de que el presidente electo dejase pasar varias horas antes de realizar ningún comentario sobre la detención del gobernador. Y cuando por fin habló, dijo que se sentía anonadado y triste "como cualquier persona".

El problema es que Obama no es cualquier persona, sino que fue en 2002 miembro del equipo que llevó a Blagojevich a ganar las elecciones a gobernador de Illinois. Y en 2006, cuando Blagojevich se presentó a la reelección, Obama continuó apoyándolo. Y hace menos de dos semanas, el jefe de campaña de Obama, David Axelrod, declaró en televisión que el presidente electo y Blagojevich mantenían conversaciones sobre quién iba a ser el sustituto de Obama en el senado. Axelrod se desdijo cuando se supo que el gobernador había sido detenido. Pero Obama no desmintió a su ayudante.

El presidente electo, además, tardó un día en pedir la dimisión de Blagojevich. Ayer volvió a pedirla y se esforzó en transmitir confianza y transparencia: "Nunca he hablado con el gobernador sobre este tema. Y confío en que ninguna de las personas que me representan haya tenido nada que ver en las negociaciones relacionadas con el escaño. Creo que el material que ha hecho público el fiscal refleja este hecho. He pedido a mi equipo que reúna los datos sobre cualquier contacto que haya podido haber con la oficina del gobernador acerca del puesto vacante, de forma que podamos compartirlos con ustedes en los próximos días".

"El puesto en el Senado no pertenece a ningún político que quiera comerciar con él. Pertenece al pueblo de Illinois. Y el pueblo merece que ese cargo sea ocupado por la persona idónea". Ése es el problema: elegir a la persona apropiada para sustituir a Obama. Porque Blagojevich no ha dimitido. Y aún tiene la potestad de designar al nuevo senador.

En sus conversaciones interceptadas se revela que en la puja había hasta cinco personas. Una de ellas es el congresista demócrata Jesse Jackson Jr., de 43 años, hijo del reverendo del mismo nombre, conocido por su lucha por los derechos civiles de los negros. Jackson aparece en las escuchas como el "candidato número 5", que ofreció hasta un millón de dólares por el escaño de Obama. El político usó ayer unas dotes de orador que no desmerecen de las de su padre para aclarar que no ha "iniciado o autorizado a nadie en ningún momento para prometer nada" a Blagojevich.

Jackson tiene gran ascendencia sobre la población negra de Chicago. Se presentaba ante el electorado como un hombre ajeno a la maquinaria política de la ciudad, engrasada a menudo con dinero de procedencia ilegal. Es la misma maquinaria que ha llevado a la cárcel a tres gobernadores en los últimos 35 años. Y la que hizo a Blagojevich hablar del escaño de Obama como si se vendiera un caballo o un coche.

El columnista del Chicago Tribune, John Kass, ironizaba ayer sobre la política en Illinois: "Cuando hablan del gobernador Rod Blagojevich, muchos bustos parlantes de las cadenas nacionales de televisión no puede resistirse a ejercer de psiquiatras aficionados y lo tachan de loco. Los analistas que hacen ese diagnóstico no han hablado en su vida con una máquina política de Chicago. ¿Cómo creen ellos que habla un político de Chicago cuando trata de sacarle dinero a alguien?"

Jackson quiere desvincularse de esa maquinaria. Obama, que fraguó su carrera en Chicago, también. Hasta los periodistas más cínicos, como John Kass, creen en la honestidad de Obama. Pero también quieren que el presidente electo esté a la altura de las circunstancias y responda con claridad y contundencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2008