Elecciones en Venezuela
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Varapalo

Visto de lejos, el resultado de las elecciones regionales venezolanas podría juzgarse como una ratificación de dominio político. Tal juicio sería erróneo: lo que Chávez ha recibido es un verdadero varapalo.

La división política de Venezuela -23 Estados y más de 300 alcaldías- no va de la mano con su demografía: los cinco Estados donde ganó la oposición concentran más de la mitad de la población del país, la mayor parte de la industria petrolera y el grueso de la actividad industrial del país.

Pero el resultado de mayores consecuencias políticas ha sido, sin duda, el triunfo de la oposición en la zona capital al alzarse con la Alcaldía Mayor de Caracas y con la gobernación del vecino Estado de Miranda, uno de cuyos municipios, el de Sucre, forma parte de la zona metropolitana de Caracas y es el más poblado del país, con más de millón y medio de habitantes.

La mitad de los venezolanos repudia el autoritarismo
Más información
El chavismo pierde entre los pobres

Precisamente en este municipio del este de Caracas se halla Petare, el barrio más populoso de la capital y el más violento: unos 700 homicidios registrados en el año 2007.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Suscríbete

Junto con el de Catia, su homólogo del oeste de Caracas, Petare fue durante todos estos años bastión del chavismo puro y duro capitalino.

Pues bien, Chávez los ha perdido a ambos, y de un modo que no deja lugar a dudas de que la base social de su Partido Socialista Unido de Venezuela se concentra en las zonas rurales, más despobladas y deprimidas. Y, por lo mismo, más sujetas al caciquismo y a las muchas formas que cobra la extorsión del voto en mi país.

Con todo, afirmar que existe una Venezuela urbana opositora y otra Venezuela rural y oficialista también sería engañoso.

Estos resultados muestran, más bien, que una mitad de los venezolanos repudia el grotesco autoritarismo militarista de Hugo Chávez. Buena parte de la otra mitad también, pero no se olvide que Venezuela es, hoy por hoy, un petro-Estado populista donde el Gobierno es el mayor empleador del país y dueño de la chequera.

Para decirlo con palabras del dirigente opositor Teodoro Petkoff, director del matutino Tal Cual, los resultados del domingo entrañan la "derrota de la prepotencia, de la arrogancia, del desprecio por los que opinan distinto, de la política entendida como agresión, insulto y ofensa al adversario".

Ganar en la capital, y con indiscutible ventaja en las barriadas más populosas y marginadas, donde viven los presuntos beneficiarios de los tan cacareados programas sociales del vociferante y pugnaz Hugo Chávez, ha sido el modo caraqueño de decirle: "¿Por qué no te callas?".

Caracas es Caracas; lo demás es monte y culebra.

Ibsen Martínez es escritor y periodista venezolano.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS