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Reportaje:

'Overbooking' en las aulas

La inmigración y la movilidad ponen al límite varios centros del cinturón de Barcelona

El curso escolar ha empezado hace un mes con las aulas en algunas ciudades del cinturón de Barcelona al borde o por encima de la ratio de 25 alumnos por clase en Primaria, el tope que fija la norma. Todo lo soporta una escuela pública especialmente necesitada de más medios y de menos alumnos (buena parte de ellos inmigrantes) por aula.

Los profesores de estos centros de Badalona, Santa Coloma de Gramenet y L'Hospitalet están inquietos por el constante aumento. El repunte de la natalidad, la inmigración y la movilidad -33.000 alumnos cambiaron de residencia el último curso, de ellos 9.400 extranjeros- son tres de los motivos de este overbooking en las escuelas. El 53% de las aulas de Santa Coloma superan la ratio de 25 alumnos por aula. Quizá por ello esta ciudad, junto a Badalona, ha sido escenario en los últimos días de plantes y manifestaciones.

Educación afronta la crisis con más medios y con la medida administrativa de autorizar que se suba la ratio por aula el 10%, hasta 28 estudiantes.

SANTA COLOMA DE GRAMENET

Hasta 27 por grupo

En Santa Coloma de Gramenet varias escuelas sufren la sobrecarga de alumnos. En la Miguel de Unamuno, en el barrio del Raval, el 63% de los alumnos son inmigrantes. La ratio media es mayor de 25, el límite previsto por la norma. "Llega a 26 y a 27", dice el director del centro, Juan Salmerón. "Tenemos cada año entre 80 y 120 alumnos que llegan con el curso empezado", explica el director.

"Vamos saliendo adelante, pero necesitamos más maestros; con tres o cuatro más nos arreglaríamos, pero sólo tenemos uno", agrega Salmerón. Otro escuela colomense afectada es la Antoni Gaudí. El 60% de los alumnos son inmigrantes y la ratio por clase ha subido de 25 a 27 alumnos, explica un docente.

A dos kilómetros está la Torre Balldovina. No tiene tantos alumnos por clase, pero su director, Diego Arroyo, señala que está aumentando el número. "Hemos pasado de 19, 20 y 21 alumnos a 24 y 25. Llegan inmigrantes y se agrupan en la misma zona", subraya.

BADALONA

Temor por la calidad

De las vallas de la escuela Joan Coret, en el barrio de Montigalà, cuelgan pancartas hechas por los padres en las que explican el aumento de la ocupación en las aulas. Los padres no se oponen a la llegada de alumnos, pero temen que la masificación vaya en detrimento de la calidad.

"Es injusto que la saturación afecte sólo a las escuelas públicas. Intentar enseñar inglés a 26 o 27 niños que aún no son capaces de escribir bien genera muchos problemas pedagógicos", afirma Ana Navarro, una de las madres.

Para combatir la falta de plazas, el Ayuntamiento de Badalona y el Departamento de Educación han creado de manera excepcional aulas cíclicas para niños de tres a cinco años que están aún sin matricular.

El centro Joan Coret (en el barrio de La Pau) acogerá uno de esos grupos de nueva creación. El centro apenas tiene el 3% de inmigrantes. La directora, Lourdes Garriga, ha pedido que estos grupos no superen los 20 alumnos y que sean temporales.

En la escuela Miguel Hernández los inmigrantes son el 98%. "Tenemos que explicar de manera muy visual, con gestos, y emplear un lenguaje muy básico. Yo doy matemáticas y a la propiedad distributiva no llego porque sé que, por conocimiento de la lengua, no me van a entender, aunque tienen capacidad intelectual para ello", explica la directora, Celestina Valmorisco.

La escuela Folch i Torres (barrio de Puigfred) ha pasado en un año de 350 alumnos a 441. Desde el 1 de septiembre, han matriculado a 20 recién llegados. Hasta tercero de Primaria están por encima de la ratio de 25 alumnos que fija la norma, explica su director, José Elbaile.

L'HOSPITALET DE LLOBREGAT

Matrículas en aumento

La saturación de algunas aulas en L'Hospitalet de Llobregat va ligada a la inmigración, que supone el 24% de la población. El 38% de las aulas de la ciudad superan los 25 alumnos. "Ya hace cinco años que tenemos clases que superan la ratio. Nos hemos acostumbrado", explica Sonia Fernández, jefa de estudios de la escuela Puig Gairalt. La experiencia de los centros hace que la saturación no sea problemática, dice Teresa Llovet, directora de la escuela Santiago Ramón y Cajal: "Si adaptas aspectos organizativos, los conocimientos se perciben igual". El principal problema, según coinciden los directores consultados, es la obligatoriedad de acoger alumnos durante todo el curso.

"En enero y febrero hay un aumento espectacular de matriculaciones", explica Montserrat González, jefa de estudios de la escuela Charlie Rivel. La llegada constante de alumnos obliga a la improvisación. "Es como empezar el curso constantemente", lamenta Fernández. Los padres no ven problema en la saturación si no afecta al rendimiento de sus hijos. Paqui, madre de un niño que comparte clase con 27 alumnos, apostilla: "Quizá la saturación retrasa el nivel, pero no lo he notado en mi hijo".

Esta información ha sido elaborada por Fermín Robles, Maiol Roger y Sebastián Tobarra

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de octubre de 2008