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COLUMNA

El "coñazo" del desfile

Mariano Rajoy dijo ayer: "Mañana tengo el coñazo del desfile en Madrid". Pero, hombre de Dios, ¿qué dice usted? Lo que afirma usted ahora, ayer (el año pasado) significaba que el desfile, según usted, era una ocasión para manifestar "el orgullo de ser españoles". También es cierto que lo de ayer fue un comentario privado, ignorando su señoría que los micrófonos estaban abiertos. ¿Cómo es posible que un político, a estas alturas, sea tan cándido ante los medios? Hoy, Rajoy, estará usted durante toda la mañana con cara de póquer en la tribuna presidencial del desfile madrileño del paseo de Recoletos, ante toda la nación, con un par de lo que sea. El patriotismo es una mina de jolgorios. Usted es hoy, Rajoy, el jolgorio de Madrid, ciudad agradecida a gestos de humor gallego en los tiempos del cólera bursátil. Necesitamos risas.

Además del susodicho, otros fantasmas inquietantes merodean por la capital del Estado. Estamos acostumbrados a los fantasmas. La Casa de las Siete Chimeneas, actual Ministerio de Cultura, es un edificio marcado por la fatalidad y la brujería. Uno de los primeros edificios de la Bolsa estuvo en la calle del Arenal, que había sido anteriormente cárcel de la Inquisición. El palacio de Linares, actual Casa de América, está marcado por leyendas espectrales y románticas. El maleficio lo deshizo Luis García Berlanga al rodar allí gran parte de su delirante Patrimonio nacional. La Bolsa y la vida siempre se han enfrentado en el centro de Madrid.

Ayer se despidió en el Círculo de Bellas Artes el fantasma de Albert Pla, un experto en conjugar el pánico y la carcajada, Su canción A veces tengo malos pensamientos sobrevuela por la calle de Alcalá. Vaya usted a saber lo que Pla opina de los desfiles, de cualquier tipo de desfiles.

Se acabó el desfile de hombres-cartel en Madrid porque el alcalde considera que están ejerciendo una profesión "indigna". También se prohibirá repartir folletos por la calle, por la misma razón. Esto es un desfile de desatinos. Según el regidor, casi todo en esta vida son trabajos indignos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de octubre de 2008