Bielorrusia explota la tensión entre Rusia y Occidente

Lukashenko quiere sacar rédito electoral de la posición geoestratégica del país

El presidente de Bielorrusia, el populista Alexandr Lukashenko, quiere sacar partido de las tensiones entre Rusia y Occidente para reforzarse e incrementar el valor geoestratégico del país, situado en el centro de Europa. En los comicios parlamentarios de ayer, el astuto líder puso a prueba a las democracias occidentales en espera de que la inquietud de éstas ante la política de Moscú le facilitará un mejor trato por parte de quienes le llaman "el último dictador en Europa".

Lukashenko, que hace poco se aplicó a sí mismo este título y se mofó de él, ha tomado medidas para mejorar su imagen. Esta vez, ha evitado la persecución descarada de la oposición y ha liberado a varios presos políticos. Anoche, al cierre de los colegios electorales, unos mil opositores protestaron y pidieron nuevas elecciones.

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La Cámara de Representantes o Parlamento bielorruso, formada por 110 diputados, tiene un peso muy limitado en un sistema que Lukashenko ha cortado a su medida desde 1994, cuando llegó al poder con un programa de protección social y contra la corrupción. Ni un solo representante de la oposición consiguió un escaño en los comicios de hace cuatro años, criticados -como todos cuantos ha celebrado el régimen- por los observadores de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

Las elecciones de ayer, en las que participaban 70 candidatos críticos (de un total de 264), podrían tener un resultado distinto. [Sin embargo, en la madrugada, la Comisión Electoral Central anunció que ningún candidato opositor había vencido en las 99 circunscripciones donde se habían escrutado ya los votos, informa France Presse]. Lukashenko quiere ser reconocido como interlocutor por Occidente y recibir ayuda financiera e inversiones para compensar las dificultades que le causa el aumento de precios del combustible ruso y la necesidad de endeudarse y vender participaciones en empresas estratégicas para pagar su factura.

Analistas locales consideran sintomático el cese en julio de Víctor Sheiman, secretario de Estado del Consejo de Seguridad, implicado en escándalos de venta de armas, y el reciente ascenso de otros funcionarios con más tablas en las instituciones europeas, como Vladímir Makei, nuevo jefe de la administración, con experiencia en el servicio diplomático.

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Bielorrusia es el aliado más próximo de Rusia, pero Lukashenko ha evitado secundar a Moscú en el reconocimiento de Osetia del Sur y Abjazia, aunque eventualmente podría ablandarse a cambio de alguna prestación económica. La estrategia de Lukashenko para intentar utilizar a Occidente frente a Rusia y a Rusia frente a Occidente no es nueva, pero hoy parece tener más posibilidades de éxito. Tanto en la UE como entre la oposición bielorrusa hay partidarios de "cerrar los ojos" ante algunos excesos de Lukashenko con el fin de encarrilarlo hacia instituciones como el Consejo de Europa y así tener palancas de presión sobre él. "Después de todo, no es Pol Pot" (el líder de los jemeres rojos camboyanos), señaló un activista de las Fuerzas Democráticas Unidas (FDU), la coalición que une a distintos grupos políticos de oposición tales como el Partido Cívico Unido, el partido de los comunistas bielorrusos y el Frente Popular de Bielorrusia.

Con poco riesgo para su poder, Lukashenko ha dado varios pasos valorados positivamente por sus oponentes, especialmente la liberación de Alexandr Kozulin, que fue candidato presidencial en 2006 y que cumplía una condena de seis años por participar en una manifestación. Otros siete presos políticos han sido liberados en los últimos meses. Según Vincuk Viachorka, del Frente Nacional de Bielorrusia, quedan otros 15 más, que no están en las listas internacionales y que han sido condenados con diferentes pretextos.

Los medios de comunicación críticos ni se imprimen ni se distribuyen legalmente en Bielorrusia, pero ha habido más margen para la propaganda electoral y las páginas críticas de Internet no han sido bloqueadas.

Partidarios de la oposición se manifiestan contra el presidente Lukashenko en la plaza central de Minsk.
Partidarios de la oposición se manifiestan contra el presidente Lukashenko en la plaza central de Minsk.EFE

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Sobre la firma

Pilar Bonet

Es periodista y analista. Durante 34 años fue corresponsal de EL PAÍS en la URSS, Rusia y espacio postsoviético.

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