Reportaje:Primer plano

Los que no se enteraron

Las agencias de calificación de riesgo no avisaron del caos que se avecinaba

Fallaron al no detectar a tiempo los problemas que acabaron con Enron, en 2001. Volvieron a fallar el año pasado, cuando no hicieron sonar las alarmas ante la gravedad de la crisis subprime. En esta ocasión, las agencias de calificación de riesgo tampoco avisaron de que los mayores bancos de negocios de Wall Street estaban a punto de irse a pique. La confianza en el trabajo de estas agencias, uno de los pilares del sistema financiero, está una vez más en entredicho. Descontentas por su papel en la crisis, las autoridades europeas y de Estados Unidos han decidido cambiar las reglas del juego.

El terremoto que ha sacudido esta semana Wall Street ha vuelto a poner en el punto de mira a Standard & Poor's (S&P), Moody's y Fitch, las tres principales empresas del sector. Hasta el 10 de septiembre, Moody's no advirtió a Lehman de que rebajaría su calificación si no conseguía rápidamente un comprador. Cinco días después, Lehman se declaraba en bancarrota. S&P rebajó ese mismo día su calificación a Lehman de A, considerada buena, a insolvente. El 17 de marzo pasado, al reafirmar su calificación A1 a la deuda a largo plazo de Lehman, Moody's afirmaba que el banco "ha navegado muy bien hasta ahora por unos mercados financieros persistentemente volátiles".

Las críticas y las llamadas a un mayor control de las agencias de calificación han sido contundentes a uno y otro lado del Atlántico. El propio candidato demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama, las ha señalado con el dedo por haber dado, en ocasiones, sus mejores notas a bonos vinculados a hipotecas basura y a los bancos que los emitieron o los compraron. "Debemos investigar a las agencias de calificación y los posibles conflictos de intereses con la gente a la que están calificando", afirmó Obama en un acto de campaña.

Uno de los más duros ha sido el presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Julio Segura, quien manifestó el jueves que la actuación de las agencias en 2007 suscitó dudas sobre hasta qué punto han llegado a ser parte de los fallos detonantes de la crisis. "Los bruscos, con frecuencia tardíos, y no siempre justificados cambios de las calificaciones de ciertos productos, han sido, sin lugar a dudas, un catalizador de la crisis, y cabe pensar que, en algunos casos, pudieran reflejar la existencia de problemas de conflictos de intereses", dijo Segura.

En efecto, el año pasado las agencias no comenzaron a rebajar la calificación de determinados activos vinculados a hipotecas basura -en muchos casos AAA, la misma que los bonos del Tesoro de Estados Unidos-, hasta que éstos no habían perdido gran parte de su valor en el mercado. Tras investigar durante 10 meses el trabajo de Moody's, S&P y Fitch, la Securities and Exchange Comission (SEC), organismo regulador de los mercados estadounidenses, llegó en julio pasado a la conclusión de que las agencias incurrieron en un conflicto de intereses al calificar determinados activos. Las agencias, según la SEC, incumplieron las normas destinadas a impedir que otorgaran calificaciones altas en beneficio propio.

El conflicto de intereses está en el núcleo de todas las críticas. Durante años, las agencias ayudaron a los bancos de inversión -a cambio de cuantiosas tarifas- a colocar en el mercado créditos hipotecarios en forma de complejos activos financieros. Al preparar una emisión de esos bonos, las agencias garantizaban a los colocadores una buena calificación para el producto, que así se vendía más fácilmente.

Pero las agencias no quieren ser el chivo expiatorio de la crisis y apuntan hacia otros culpables: la Reserva Federal, la SEC, los propios bancos y la prensa financiera tampoco supieron detectar a tiempo el peligro que se avecinaba, ni ahora ni cuando estalló la burbuja inmobiliaria, sostienen sus responsables.

La crisis subprime y la tormenta desatada por la caída de Lehman Brothers cambiará para siempre el marco regulatorio en que se mueven las agencias de calificación. La Unión Europea y Estados Unidos se disponen a cambiar las reglas actuales.

Tras afirmar que las agencias fueron incapaces de "oler la putrefacción" en los mercados, el comisario europeo de Mercado Interno, Charlie McCreevy, anunció su intención de obligar a las agencias a inscribirse en un registro de la Unión Europea. La Comisión presentará propuestas sobre regulación a finales de octubre.

El comisario de Economía, Joaquín Almunia, declaró esta semana que es necesario mejorar la transparencia y los mecanismos de gestión de riesgos y aclarar los criterios para una adecuada valoración de los activos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 20 de septiembre de 2008.

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