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Crisis en Wall Street

Wall Street intenta evitar el caos

La Reserva Federal fracasa en su plan para salvar Lehman, el cuarto banco inversor - Bank of America se retiró de la puja y optó por anunciar la fusión con Merrill Lynch

Wall Street intentaba evitar esta madrugada una semana negra en la Bolsa, con consecuencias impredecibles para el sistema financiero mundial. El distrito financiero en la zona baja de Manhattan vivía horas dramáticas, mientras los operadores bursátiles de todo el mundo empezaban a prepararse para el peor de los escenarios: la eventual liquidación de Lehman Brothers. Pasada la medianoche, los operadores daban por inevitable la quiebra.

La retirada de Bank of America y de Barclays de la mesa de negociaciones para la adquisición de Lehman supuso un duro golpe para el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal, que no acababan de encontrar un futuro para la entidad en crisis, el cuarto banco de inversión del mundo. De madrugada, tras duras horas de negociaciones, Lehman se daba ya por perdido y lo que preocupaba era que se pudiera desatar un caos en la Bolsa neoyorquina. La siguiente pieza en el tablero era el gigante Merrill Lynch.

El problema fueron los 50.000 millones de activos inmobiliarios 'basura'

Tras la retirada de Bank of America, The Wall Street Journal anunció que esta entidad negociaba una fusión con Merrill Lynch, un banco más grande que Lehman y del que se ha dicho que también atravesaba serias dificultades. El acuerdo de fusión se hizo público antes de las tres de la mañana, hora española. Para entonces, en un ambiente de pánico, Lehman Brothers se apresuraba ya a contratar al despacho de abogados Weil, Gotshal & Manges, especializado en suspensiones de pagos. Si finalmente se optara por esta opción, un tribunal deberá nombrar a las entidades que liquidarían el banco.

"Es muy diferente que se venda un banco a que se liquide. Si te liquidan ya no operas, no generas ni un dólar y te enfrentas a una fuga de clientes y de patrimonio que es difícil de frenar. Entras en caída libre", recordaba anoche un banquero de inversión que seguía minuto a minuto el desenlace de Lehman. "La liquidación puede provocar fuertes caídas en todos los mercados -y en la banca estadounidense más- porque el mensaje que se envía es que Lehman está tan mal que nadie lo quiere", vaticinaba. Otro experto apuntaba que, "como ocurre en todas las crisis bancarias, al final los bancos se hunden por los créditos más ocultos, los que no están ni provisionados".

Las autoridades reguladoras y los grandes ejecutivos de la banca de inversión se emplearon a fondo toda la jornada para evitar un lunes negro en los mercados mundiales. Hablaron con los principales operadores para pedirles que no llenen el mercado de órdenes de venta de acciones bancarias. Los operadores convocaron por la tarde a sus agentes para preparar la crítica jornada de hoy.

Fue entonces cuando Bank of America y Merrill Lynch dieron una sorpresa al mercado al anunciar una alianza que, según los analistas, podría alejar el temor al caos. Hasta sólo pocas horas antes, Bank of America y la británica Barclays habían emergido como las entidades con más posibilidades para el matrimonio forzado con Lehman Brothers, con la idea de que pujaran por la compra de los "activos buenos" de la entidad. La joya de la corona era la gestora de patrimonios, con 280.000 millones de dólares de patrimonio, incluido el de las familias más conocidas de Estados Unidos.

Por el contrario, la zona tóxica de Lehman han sido sus inversiones inmobiliarias, que van desde centros comerciales, edificios a préstamos a promotores, que suman 50.000 millones. La caída del mercado inmobiliario ha depreciado este negocio. Nadie lo ha querido comprar porque exigiría inyectar capital, como ocurrió, hace una década, con el fondo especulativo Long-Term Capital Management (LTCM). Con estos antecedentes, los bancos pedían el respaldo del Tesoro, reticente a movilizar más fondos del contribuyente. Pero la Fed no cerró el acuerdo.

Como recordaba ayer un banquero de inversión, Lehman no ha estado en la mesa de negociación. "Es curioso, se está decidiendo su futuro y él no está", dijo esta fuente antes del fracaso de las conversaciones. En las reuniones estuvieron Henry Paulson, secretario del Tesoro; Christopher Cox, presidente de SEC, y Timothy Geithner, presidente de la Fed. Enfrente, John Mark (Morgan Stanley), John Thain (Merrill Lynch), James Dimon (JP Morgan), Lloyd Blankfein (Goldman Sachs) y Vikram Pandit (Citigroup), con representantes del Royal Bank of Scotland, UBS y del Bank of New York Mellon. "Son cocodrilos y todos se quieren comer al menor precio posible, pero la Fed tiene que asegurarse que no destruirán el ecosistema", explicaba gráficamente un experto financiero.

Tres días de vértigo

La retirada ayer de la mesa de Bank of America y de Barclays fue la señal. Cuando quedaban apenas unas horas para abrir los mercados en Europa, las negociaciones para salvar a Lehman se convirtieron en planes de choque para hacer frente en el parqué a la eventual bancarrota.

El reguero de vehículos negros con cristales tintados había empezado a fluir bien entrada la tarde del viernes por las calles de Manhattan, en dirección al edificio de la Reserva Federal de Nueva York, donde los principales ejecutivos de Wall Street fueron recibidos por el anfitrión, el presidente Timothy Geithner. Fue un evento de emergencia excepcional, que se vio por última vez hace una década. Tenían que aprovechar la tranquilidad de tener cerrados los mercados para pactar un plan. La reunión del viernes fue fluida.

La tarde del sábado se convocó un segundo encuentro. Cada minuto que pasaba jugaba en contra. No fue posible tampoco esa noche. El domingo tocaba prepararse para una posible bancarrota.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de septiembre de 2008

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