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Brown endulza el adiós de Bush con el envío de más tropas a Afganistán

Ambos dirigentes avisan a Irán de nuevas sanciones si sigue con su plan nuclear

George W. Bush culminó ayer su larga gira de despedida de Europa con una visita al Reino Unido. Su anfitrión, Gordon Brown, quiso despedirle con un caramelo y anunció el envío de más tropas británicas a Afganistán. Será un caramelo más bien pequeño, según aclaró luego en el Parlamento el ministro de Defensa, Des Browne: un incremento total de 230 soldados, lo justo para cumplir con el más bien pomposo anuncio de Brown de que el incremento supondrá que el Reino Unido tendrá en Afganistán más tropas que nunca.

"Los iraníes han de entender que todas las opciones están abiertas", dice Bush

El aumento se justifica por un cambio de las tácticas de los talibanes, que están moviéndose de la tradicional guerra de guerrillas a los atentados suicidas, según el ministro. Eso ha obligado a eliminar 400 empleos que ya no eran útiles y crear 630 que ahora son necesarios. De ahí sale la cifra de 230 militares adicionales. El anuncio coincide con las noticias de una ofensiva talibán en la zona de Kandahar con la toma de varias villas del distrito de Arghandab por unos 500 talibanes. No se sabe cuántos de ellos podrían formar parte de los 390 que escaparon el viernes de la prisión de Kandahar.

Bush, que advirtió que su larga gira por Europa no tiene por qué ser su último viaje por el continente antes de dejar la presidencia en enero próximo, llegó a Londres el domingo por la tarde y se fue en helicóptero desde Heathrow al cercano castillo de Windsor para tomar té con la reina. Luego, los Bush cenaron con los Brown y una veintena de invitados en Downing Street. Una cena "informal" según los portavoces, con el probable ruido de fondo de los cánticos de más de 2.500 manifestantes que protestaban en la calle contra Bush y que fueron violentamente reprimidos por la policía.

El presidente desayunó ayer con su amigo Tony Blair y se reunió luego con su no tan amigo Brown. Tras hablar sobre Irak, Afganistán, Irán, Zimbabue, África, la economía global y la crisis de los alimentos, Bush y Brown comparecieron en una rueda de prensa en la que negaron cualquier conflicto por las prisas que tiene Brown para retirarse de Irak. El primer ministro recordó que a estas alturas estaba previsto que hubiera menos soldados británicos en Irak pero que si hay más de lo previsto es porque se actúa en función de las necesidades y no en virtud de calendarios artificiales.

Bush dejó para la historia el juicio sobre los errores tácticos de la guerra y defendió una vez más la estrategia de derrocar a Sadam Husein y "llevar la democracia" a Irak, olvidando, como siempre, que la razón oficial de la invasión era acabar con las inexistentes armas de destrucción masiva iraquíes.

Quizás las amenazas más serias fueron para Irán. Brown apostó por el diálogo y por evitar la confrontación, pero advirtió que si Irán ignora las resoluciones de la ONU se incrementarán las sanciones. Bush pareció más directo al declarar: "Los iraníes han de entender que somos serios cuando nos juntamos y hablamos con una sola voz" y, aunque apostó por la vía diplomática, añadió: "Los iraníes han de entender, sin embargo, que todas las opciones están abiertas".

George W. Bush voló después a Irlanda del Norte, donde fue recibido con entusiasmo por el nuevo ministro principal, el unionista Peter Robinson, y su adjunto, el republicano Martin MacGuinness. Los americanos han desempeñado un papel mediador clave para la resolución del conflicto de Irlanda del Norte. Y, aunque Bill Clinton fue mucho más activo personalmente que George W. Bush, el papel americano en el futuro sigue siendo importante: no tiene tanto que ver con la paz como con la reactivación de la economía local.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de junio de 2008