Columna
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Matar a bomba limpia

Qué estirpe de bestias se perpetúa en el helado regazo del capital y sus extensiones. Aún me remueve las tripas la expresión de aquel niño destrozado por la metralla y que no quería morir, ¿y a quién no se le remueven?, ¿y a quién no, por el espanto reflejado en el rostro de un niño o de una niña o de un adulto, palestino, iraquí, o de cualquier otra parte del planeta donde acampan los asesinos y la carnicería? Pero aquel niño destrozado por la metralla y que no quería morir, era de aquí, al lado mismo, y se dio con una bomba fascista que venía de los cielos, cuando su ángel de la guarda hacía novillos en vuelo rasante y su madre corría a comprar sardinas, en un puesto del mercado. Mañana, 25 de mayo, se cumplen 70 años, de la criminal agresión de la aviación italiana, sobre la ciudad de Alicante. Era miércoles y poco antes del mediodía, la sombra de los Saboya se cernió, como un Dios impasible, sobre la gente más sencilla e inerme, que andaba con prisas a hacer la compra del día. Qué hazaña la de aquellos aviadores italianos que se montaron una patria bravucona, con despojos de la inocencia y olor a sangre. Noventa bombas devastaron el mercado y sus alrededores y se cobraron la vida de varios centenares de mujeres, de niños, de mayores, en una operación calculada sobre los mapas del resentimiento. Hoy, sábado, a las doce, como otros años, se pondrán flores, palabras, canciones y versos, recuerdos, a tantos queridos muertos, en el mismo lugar donde el fascismo mercenario al servicio del dictador Franco puso terror y exhibió su indignidad. ¿Cuántos muertos los del bombardeo de aquel 25 de mayo de 1938? Es difícil. Historiadores, cronistas e investigadores recurrimos a fuentes diversas, poco fiables, y nada coincidentes. Desde los 62, que Salas Larrazábal cifra en su libro Pérdidas de la guerra, para todo el año 1938, hasta los 393, referidos tan solo a la citada fecha, que he encontrado recientemente en la fotocopia de una relación numérica, que se conserva en el Archivo Municipal, con el sello de Cementerios, elaborada hacia 1940, es decir, por el primer Ayuntamiento de la dictadura, hay una muy considerable diferencia. Claro que no se podía esperar mucho más del general e historiador franquista Salas Larrazábal, quien al trágico capítulo de muertos a bombazo limpio, lo titula como si se tratara de uno de esos enigmáticos expedientes X. Lo titula, agárrense bien, muertos por "accidente producido por cuerpo extraño". Mientras se dilucida, si es posible, ese, en cualquier caso, fatídico número, también se pretende esclarecer otros aspectos de tan dramático episodio, y muy en particular honrar merecidamente a cuantos perdieron la vida, en aquella tremenda infamia, que una comisión británica, enviada por el Gobierno conservador de Chamberlain, constató y calificó de "agresiones deliberadas contra la población civil". La cita es hoy, a las 12, en la plaza posterior del mercado central

Si a Gernika, el Gobierno alemán le pidió perdón por las atrocidades de la Legión Cóndor, Berlusconi debería pedir perdón a Alicante. Pero Berlusconi no pasa de carabinieri. Y la memoria también es un arma cargada de futuro.

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