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Reportaje:61º Festival de Cannes

Un descenso al infierno en dibujos

La película de animación israelí 'Waltz with Bashir', sobre las matanzas de Sabra y Chatila, emociona en Cannes - El argentino Pablo Trapero seduce con 'Leonera'

Hace unos años, el Festival de Cannes tuvo la originalidad o la osadía de incluir en su habitualmente solemne sección oficial una película de dibujos animados, protagonizada por un ogro desamparado y una princesa fea. Shrek no se llevó ningún premio pero permanece en mi recuerdo como la película más divertida e insólita de aquella edición. Desde entonces, el cine de animación compite frecuentemente en los festivales, ha perdido su injusta condición de género menor, puede optar a los galardones más ansiados.

Este tipo de películas, que asociamos consciente y subconscientemente con la risa y con el público infantil, también puede servir para revivir horrores, para conseguir que el espectador se angustie, se le revuelva el cuerpo y la cabeza, para hacerle pensar y sentir. Acaba de ocurrir con la película Waltz with Bashir, firmada por Ari Folman, un señor israelí que, además de un talento estremecedor, posee una valentía y una capacidad de riesgo admirables, alguien que puede despertar odio letal entre sus paisanos más fanatizados por atreverse a resucitar en el cine la matanza de refugiados palestinos en Sabra y Chatila.

'Leonera', sobre el mundo carcelario, evita la moralina y la manipulación

A Hollywood, tan ancestral y lógicamente obsesionado con el espantoso Holocausto, jamás se le hubiera ocurrido rememorar esta impune barbarie que se cebó con civiles árabes, incluidas esas víctimas llamadas niños, ancianos y mujeres, que debido a su inocencia o a su indefensión siempre inspiran a la sensibilidad y la conciencia colectivas el doble de indignación y de pena. Es muy alentador que esta denuncia la haya realizado un aterrado hijo de Israel.

Ari Folman se inventa unos dibujos extraordinarios, utiliza sabiamente la música, adopta un formato cercano al documental, retrata la búsqueda compulsiva de sus antiguos compañeros en el Ejército a cargo de un hombre acosado por pesadillas surrealistas y al que se le ha creado un torturante vacío mental sobre lo que vieron sus ojos en la primera guerra de Líbano.

Recomponer ese puzzle con los testimonios de sus viejos compañeros y de algunos mandos militares, de gente que ha intentado refugiarse en el tranquilizador olvido, supondrá una bajada a los infiernos y un inaplazable acto de expiación. En los planos finales, las fotografías reales de aquella salvajada perpetrada por las legiones de cristianos libaneses y consentida y amparada por el Ejército israelí sustituirán a los dibujos animados. También nos recordarán el asombroso parecido en su expresión de los judíos antes de ser masacrados en el gueto de Varsovia con las familias palestinas que van a ser asesinadas en ese miserable campo de refugiados.

El director argentino Pablo Trapero nos había demostrado anteriormente su complejo realismo mostrando la corrupción de la policía en El bonaerense. También su mordacidad al destripar el microcosmos, las tensiones, los engaños y las miserias de una familia aparentemente tradicional en Familia rodante. Ahora nos presenta el mundo carcelario en Leonera. Lo hace con tanta veracidad que da la impresión de que no se inventa nada, que se limita a que su cámara filme una realidad temible y sin maquillaje. A excepción de la protagonista, a la que suponemos actriz profesional, todos los secundarios y secundarias dan la sensación de que no interpretan, sino que todas esas mujeres presas y sus guardianas están reflejando experiencias suyas, pasadas o actuales, que no existen los decorados ni el cartón piedra, que lo que vemos y escuchamos está ocurriendo en una cárcel de verdad.

Lo único que puede tener aroma de ficción en esta tenebrosa película es el arranque de su argumento, la historia de una mujer acusada de haberse cargado al hombre con el que vive y padre de su futuro hijo al pillarle en la cama con un amigo con el que comparten casa. Este inicio con tendencia a la truculencia puede obedecer a las lógicas imposiciones de poner en marcha un guión, pero todo lo demás pertenece a la vida misma. Centrada en la supervivencia cotidiana de presas embarazadas o con hijos pequeños, Leonera describe la solidaridad y la sordidez, la esperanza y la desesperación, la violencia transparente y la subterránea, la necesidad de aferrarse a algo sólido o provisional para no cortarse las venas. Lo hace con un asombroso realismo, sin enfatizar, sin subrayar, sin moralina, sin juzgar, sin manipular emocionalmente al receptor. Y provoca angustia y miedo. Y le suplicas al destino que no te entrullen jamás.

La jornada ha sido dura, con capacidad para impresionarte ante las circunstancias más infames de este mundo. Por ello se agradece que te devuelvan la sonrisa con Kung fu panda, dibujos animados lujosos y jocosos describiendo el combate de los animalitos buenos, heroicos y expertos en artes marciales contra el poderoso y vengativo leopardo de las nieves. Acaba bien.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de mayo de 2008