Crítica:ÓPERACrítica
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Tan antigua, tan moderna

Han pasado 30 años desde la emblemática trilogía monteverdiana de la Ópera de Zúrich con Harnoncourt y Ponnelle. El Teatro Real se lanza ahora a la aventura de recuperar las raíces de la ópera e inicia con L'Orfeo un recorrido a tres años vista por las óperas mayores y mejor conservadas de Monteverdi, con la garantía de homogeneidad que supone trabajar con los mismos directores musical y escénico: William Christie y Pier Luigi Pizzi, respectivamente. Hay que valorar la iniciativa de este proyecto y también del paralelo de programar otras óperas alrededor de la figura de Orfeo como las de Gluck y Krenek. También es loable la recurrencia a una orquesta de instrumentos de época como Les Arts Florissants.

L'ORFEO

De Claudio Monteverdi. Coro y orquesta Les Arts Florissants, Les Sacqueboutiers. Director musical: William Christie. Director de escena: Pier Luigi Pizzi. Con Dietrich Henschel, Maria Grazia Schiavo, Sonia Prina y Xavier Sabata, entre otros. Nueva producción, en colaboración con La Fenice de Venecia. Teatro Real, 13 de mayo.

William Christie consigue cotas poético-dramáticas de gran intensidad

El espectáculo está dividido en dos partes. La primera reproduce el ambiente de las habitaciones de la Corte de Mantua, en que L'0rfeo se estrenó. No hay foso orquestal. Los músicos y su director van vestidos de época. En la segunda parte la situación se normaliza -estamos en 2008- aunque se mantiene la escenografía de partida. El final es una explosión de alegría con bailes y movimientos de hoy. El mensaje es claro y alude a la pervivencia de la ópera. La realización es matizable.

Constituye un lujo contar con la presencia de William Christie con su orquesta y coros. Como en Il ritorno d'Ulisse in patria de Aix-en-Provence o en L'íncoronazione di Poppea de Lyon, Christie otorga un valor expresivo a las exigencias del "recitar cantando" y consigue cotas poético-dramáticas de gran intensidad que se manifiestan hasta en los valores musicales que adquieren los silencios. Los coros transmiten asimismo vitalidad y familiarización con este repertorio. La laguna principal de la representación se debe a la caracterización de Orfeo por Dietrich Henschel, que no alcanza en la música de este periodo sus niveles artísticos habituales, ni en la construcción del personaje ni en capacidad de comunicación. El resto del reparto es bastante equilibrado y de él sobresalen figuras consagradas como Maria Grazia Schiavo y Sonia Prina y otras emergentes como Xavier Sabata.

La puesta en escena tiene dos momentos espectaculares en el arranque y el final de la obra. Parte de una idea magnífica y se mantiene tal vez con más eficacia estético-histórica en la primera parte. No es fácil adaptar a los condicionamientos de un teatro una obra pensada para otro espacio. Pizzi transmite en general una sensación de movilidad pero no seduce con la misma intensidad en todas las situaciones dramáticas. Brilla en cualquier caso, en pensamiento y belleza plástica, para dotar a la representación de una atmósfera apropiada a lo que se está contando. Ayuda, junto a Christie, a reflejar que el tiempo pasa pero la obra maestra de Monteverdi se mantiene con la misma vigencia y renovada modernidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0014, 14 de mayo de 2008.