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La visita de Kurtág

La presencia por primera vez de György Kurtág en Madrid es un acontecimiento. Dos conciertos monográficos y tres sesiones de clases magistrales enmarcan la visita de uno de los compositores vivos más carismáticos y admirados. El público de la capital captó la importancia del momento y respondió con ovaciones interminables después de que Kurtág y su esposa finalizasen el segundo de los conciertos interpretando al piano a cuatro manos una selección de Játékok, una de las obras emblemáticas del compositor rumano-húngaro, que consiste en una colección de piezas breves que lleva componiendo desde hace 35 años, a modo de diario íntimo, cuaderno de campo o "viaje autobiográfico", como le gusta decir a él. Cada pequeña composición tiene una intencionalidad en cierto modo juguetona, más que exactamente didáctica, que también la hay a su manera. Verdaderamente fue emocionante ver al compositor, de 82 años, y a su inseparable Marta, desvelar en directo sentados al piano las claves de su propia obra. Los dos agarrados de la mano en cuanto podían, sonriendo con sencillez y como asustados ante el aluvión de ovaciones: un cuadro enternecedor

Antes de la actuación del matrimonio, la violinista japonesa Hiromi Kikuchi recorrió las notas sostenidas por 12 atriles de Hipartita, opus 43 -Hi de Hiromi, partita por Bach- una obra que le ha dedicado Kurtág y que ella tiene absolutamente asimilada, con lo que se puede hablar sin riesgo de interpretación modélica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0011, 11 de mayo de 2008.