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El conflicto de Oriente Próximo

Las revelaciones sobre el plan atómico sirio irritan a Israel

La iniciativa en EE UU entorpece el acercamiento entre Olmert y Assad

"Irán", "Ahmadineyad", "amenaza existencial". Si algo trae de cabeza al Gobierno israelí es el programa nuclear iraní. El Ejecutivo de Ehud Olmert lleva a cabo enormes esfuerzos diplomáticos para acentuar el aislamiento del régimen de Teherán. Pero hay una pieza fundamental, y dura de roer, para que ese cerco sea efectivo: Siria. De ahí que Olmert, tras meses de tensión y maniobras militares en el Golán arrebatado al país árabe en 1967, esté lanzando mensajes conciliadores a Damasco. Las revelaciones en el Congreso estadounidense de los detalles del ataque a Siria molestan profundamente en la oficina del primer ministro. Son una china en el zapato de ese aún tibio acercamiento, que comenzó hace dos años, entre dos Estados enemigos desde hace seis décadas.

Los contactos indirectos entre Damasco y Tel Aviv vienen de lejos

Pocos acontecimientos recientes en Oriente Próximo han estado envueltos por mayor misterio. Como si hubiera sido pactado. El 6 de septiembre de 2007, el ministro de Información sirio, Mosen Bilal, compareció ante los medios de comunicación para revelar que un avión israelí había roto la barrera del sonido y descargado munición sobre su territorio. Añadió que Siria se reservaba el derecho a responder en el momento oportuno. Suave reacción para la magnitud de la operación de la aviación israelí. Unas instalaciones militares, supuestamente nucleares, fueron borradas del mapa, como revelaron semanas más tarde las fotografías obtenidas por satélite. Damasco prefirió callar. Siempre ha tratado de quitar hierro al asunto, y el presidente, Bachar el Asad, ha eludido comentarios al respecto.

Tampoco la clase política israelí adoptó la actitud habitual ante un suceso de semejante calado. En un sistema político como el israelí -tan fragmentado y con intereses tan dispares- es una heroicidad que el silencio se mantenga sobre los asuntos cruciales. En el caso del bombardeo en el norte de Siria, sólo el líder de la oposición, Benjamín Netanyahu, se fue de la lengua y confirmó que la aviación israelí realizó el ataque. Pero la censura militar se mantiene hasta hoy. Los medios de comunicación israelíes tienen tajantemente prohibido precisar cualquier detalle sobre la operación.

Semejante manto de oscuridad tiene, aparentemente, su razón de ser. Los contactos indirectos entre el Gobierno de Olmert y el mandatario sirio vienen de largo. Hace ocho años que se rompió el último intento para alcanzar un acuerdo de paz entre Tel Aviv y Damasco. Pero desde 2006, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se ofrece como mediador entre el presidente Asad y Olmert. Ninguna de las partes niega el cruce de mensajes. "Tenemos interés genuino en conversaciones de paz con Siria. Saben cuál es nuestra posición y nosotros sabemos cuáles son sus expectativas", declaró anoche el portavoz del primer ministro israelí.

"Cuando me reuní con Olmert hace dos meses, me comentó que el canal turco no producía resultados. Le he vuelto a ver ahora y me ha dicho que ya está funcionando", asegura a este periódico un veterano observador político. "El silencio de Asad después del ataque demuestra que es un dirigente más serio y calculador de lo que se pensaba. Ahora todos saben cuál es el precio del acuerdo", añade. El coste es la devolución de la meseta del Golán, una eventualidad que desata palabras apocalípticas en Israel.

Los movimientos políticos siempre discretos vienen de largo. En un hecho sin precedentes, el hombre de negocios sirio-estadounidense Ibrahim Soliman compareció ante una comisión del Parlamento en Jerusalén el 12 de abril de 2007. Dijo Soliman que no acudía en representación de Asad, pero sí que sostenía estrechos lazos con altos cargos del Gobierno sirio. Además, mantuvo al menos ocho reuniones previas con un antiguo director general del Ministerio de Exteriores israelí, Alon Liel. "Si Israel ataca, Siria se defenderá con todo su poder, pero no comenzará una guerra", afirmó Soliman. Cinco meses después, la aviación israelí lanzó sus bombas. Damasco no respondió.

El trecho es largo. Asad se expresó ayer cauteloso en un periódico qatarí. "Lo que necesitamos ahora es hallar una base común con la mediación turca", apuntó, al tiempo que su Gobierno ha señalado que la intervención estadounidense es vital. De momento, se niega a aceptar las condiciones que exige Israel: cerrar oficinas de Hamás en Damasco, detener el suministro de armas a Hezbolá, y romper relaciones con Irán. Tampoco puede ceder a todo requerimiento antes de que arranque el diálogo entre ambos países.

Aunque han pasado dos años, es sólo el comienzo. Pero Siria también va dejando clara su postura. Rechaza la demanda de que las negociaciones sean secretas y así lo han planteado abiertamente. Necesitan que se sepa de su existencia para obtener beneficios políticos: una menor presión de Washington, la legitimidad que le otorgarían las negociaciones, y una mejoría de sus deterioradas relaciones con Egipto y Arabia Saudí por el contencioso de Líbano. Cuanto menos se sepa del ataque del 6 de septiembre a las supuestas instalaciones nucleares, mejor para Israel. Pero también para Siria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de abril de 2008