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Desfalco en el Guggenheim

La oposición renuncia a pedir dimisiones

Todos los partidos de la oposición atribuyeron ayer responsabilidad política y administrativa a la consejera de Cultura, Miren Azkarate, y al director de la pinacoteca, Juan Ignacio Vidarte, en el caso del desfalco del Museo Guggenheim. Sin embargo, los partidos se quedaron ahí, y ninguno traspasó la línea para reclamarlas en forma de dimisiones. Aunque llovía sobre mojado después del grave error en la operación de cambio de divisas para la adquisición de obras, que se saldó con una pérdida de 6 millones de euros de dinero público, ni siquiera los partidos más críticos, el PSE y el PP, se atrevieron a reclamar la cabeza de Vidarte.

Y eso que él mismo acabó reconociendo: "Claro que me siento responsable de lo ocurrido. Yo era el apoderado de la sociedad".

"Pediré tu cabeza", le dijo Azkarate a Vidarte, "si hay más irregularidades"

Curiosamente, la única voz que habló de ceses fue la de la propia consejera cuando, mirando a Vidarte y tras reconocer con un gesto teatral que confiaba en él "pero no ciegamente", le dijo que, "si hay más irregularidades, no dudes de que pediré tu cabeza".

La operación le salió bien a Azkarate y el debate apenas si se cebó en la consejera. Teniendo en cuenta que Vidarte era el apoderado en las dos sociedades en las que se produjo el desfalco de medio millón de euros, que el autor del mismo era su mano derecha, y que la manipulación de la contabilidad y las transferencias se hacía con la firma digital que aquel le confió, todas las dudas se concentraron en la cabeza visible del museo.

La diputada socialista, Isabel Celaa, lanzó sin embargo algunas andanadas a la consejera. "Usted, señora Azkarate, ha hecho resistencia activa contra la implantación de mayores controles para vigilar el dinero público", dijo en referencia a la negativa a seguir las recomendaciones del Tribunal vasco de Cuentas Públicas, que pedía mayores controles.

El PP aprovechó ese hecho para avanzar en las acusaciones. Su portavoz, Carmelo Barrio dijo mirando a Vidarte que esas recomendaciones del tribunal fiscalizador "se han transformado ahora en negligencias e irresponsabilidades suyas". El TVCP recomendaba, entre otras cosas, auditorías anuales y doble firma en las operaciones bancarias. PSE y PP coincidieron en Azkarate y Vidarte incurrieron, de entrada, y a la espera de la investigación judicial, en una responsabilidad política in vigilando.

La diputada de Aralar Aintzane Ezenarro se preguntó en la primera intervención: "Habiendo fondos públicos, ¿las responsabilidades políticas dónde quedan?". El PP apuntó que en este momento hay tres niveles en el Museo Guggenheim: el del éxito, que lo ha convertido en motor económico y cultural; el del control político, "que ejerce sólo un partido, el PNV, que tendrá que hacer autocrítica, y finalmente el fraudulento, sin controles y tramposo".

Esa referencia a un museo tramposo le llegó al alma a su director, que respondió con un tono más encendido de lo habitual. "No es un museo tramposo. Ha habido un tramposo, pero eso no debe de contaminar al resto del museo", dijo.

Desde EHAK, Itziar Basterrika, se sumó aunque con mayor suavidad, a la demanda de responsabilidades, al plantear si además de las penales habrá también internas. De los grupos que respaldan al Gobierno, sólo EA se atrevió a preguntar algo. Fue una obviedad, pero abrió un gran interrogante. ¿"Cómo podía tener el estafador, el señor Cearsolo, la firma digital de Vidarte, si es personal e intransferible"?, preguntó. "Se la di yo", respondió el propio Vidarte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de abril de 2008